domingo, febrero 10, 2013

Y hasta aquí llega...


Ahora mismo soy una máquina estropeada, ¿sabes? Echando humo y con visos a explotar de un momento a otro. Siento que mis opciones cada vez son más limitadas, que no mejoro, solo sigo empeorando, de forma que llevo llena de rabia y lágrimas un mes, o quizá un año, y voy dejádolas salir poco a poco, pero últimamente me pueden, parece que han volado el dique que las retenía lo controlan todo. No solo no he mejorado, he empeorado, y muchísimo. Me siento sola porque no me tengo ni a mí y eso no puede suplirlo nadie haga lo que haga. Solo está en mi mano y me siento completamente inútil. Siempre, fuera como fuera, me he tenido, y ahora no recuerdo cómo, no sé de dónde sacaba las fuerzas. ¿Cómo es que siempre era tan fuerte y por qué soy incapaz de serlo ahora, o de averiguar como serlo? Parece que solo me siento invitada a dormir y morirme lentamente en la cama mientras me va cubriendo el polvo y los demás me olvidan. Y me siento tan sola, es la primera vez en mi vida que me siento sola de verdad, jamás me había pasado. Antes creo que aunque lo estuviese y me diese pena estarlo algunas noches... en el fondo me tenía y me valoraba tanto que los demás eran prescindibles. ¿Sabes cuánto necesito ahora que alguien me cuide? Y aun así no serviría de nada porque nadie puede tapar tus agujeros sin tu ayuda, siempre lo he sabido. Y le he puesto una pegatina sobre ese agujero que no soy capaz de arrancar, así que va haciéndose más grande debajo mientras yo siento como me devora sin que nadie pueda verlo.



Me han robado todo lo que soy, día a día, bit a bit, y ya no soy nada, tanto que ya ni sé si quiero ser algo o solo ser. Me hemos robado debería decir.



Cuando era más pequeña, adolescente con ínfulas que creía saberlo todo, recuerdo que muchas veces no tenía ganas de vivir, ganas activas. No sé, me venía grande creo. Tenía desgaste acumulado a ir hacia adelante, a descubrir, así que no quería hacerlo. Pero ahora es tan distinto, que envidio aquella posición algo neutra de lágrimas que me liberaban por la noche, y dolor y rabia. Eran tangibles, podía trabajar con ellos y contra ellos. Luchar. Levantarme para decir: hasta aquí, y hacerlo. Últimamente solo siento dolor, es lo único que me ocupa, dolor y pena, ganas de apagarlo todo, ni siquera de soñar, solo de no existir. Tampoco es que quiera tirarme por una ventana un día o todos, o que no quiera, o que me de igual... es como si la única solución que viera a acabar con la angustia fuera esa. No la ventana. Solo el hecho de no estar.


A veces, sobre todo de noche, ya sabes, recuerdo lo que me hacía despertar y sentirme mejor a veces: los extremos... toda la ola de emociones que me llevaba por delante, que me dejaban tan echa polvo y tan destrozada física y moralmente que solo cabía tirar hacia arriba, como fuera. Recuerdo cuando bebía hasta caer en coma, y como me perdía del mundo... lentamente. Recuerdo que aquello me despertaba, me hacía enfrentarme a todos y decidir afrontarlo como pudiera. Fuera como fuera. Ahora siento que he perdido hasta eso. No quiero salir con la gente con la que salgo, no puedo, siento que no puedo ser más que lo que soy, que no puedo no estar rota, aunque solo sea un rato, y que nadie puede recomponerme y sacarme a bailar y que todo se olvide por un instante.



En definitiva. Sé que en algún lugar de mí quedan restos de quien era... tiene que haberlos. De la persona fuerte, buena, luchadora, sensible, atenta, cruel, que cuidaba de los demás, independiente hasta la última célula, resolutiva y dulce... pero no se donde está esa persona ni como localizarla para que vuelva, ¿comprendes? Así que hablas con una cáscara. Puedo decirte cuantas horas paso despierta dormida, qué he comido, cómo van o no van las clases y los suspensos, todo. Pero es como si ya no supiese quien soy. Y duele tanto como todas las otras cosas que me ocurren juntas. Me supera.


Y hasta aquí mi Biblia.