miércoles, enero 30, 2013

Quebradero fébril

Y cuando no tienes nada que decir, cuando se te agotan las palabras, o los dedos no tienen la suficiente fuerza para escribirlas, o la boca no tiene suficiente aire para pronunciarlas... te anulas. Porque te pasaste la vida viviendo entre las palabras, saltando de unas a otras, amaestrándolas y dejándote amaestrar por ellas. Volcaste tu mundo en definirlo mientras lo vivías.
Te has vuelto más blanda quizá. Callada. Poca cosa. Has dejado que te pueda lo que no puedes cambiar, has dejado que te pueda la indiferencia y lo que digan los demás... has dejado de ser la persona que tanto admirabas dentro de ti. Y aunque aun queden restos de ella no sabes recomponerla.

Pero aun así: inténtalo, ¿no?

jueves, enero 17, 2013

Guarda el silencio

La calma me pone de los nervios. Me anula completamente. Es como si hubiera algo de ella que me robase mi capacidad de ser yo. Me aplatano sobre la cama y paso las horas intentando leer, intentando concentrarme, intentando escuchar o ver, intentando quizá intentar o dejar de hacerlo y no pensar o pensar en algo. Y nada. Es imposible. No puedo.


Me gustaría poder decir que cuando no te tengo es peor. Pero no es cierto. Sí, mi vida es peor, pero a veces siento que me tengo más yo, que cuando tú estás pierdo una parte de mí que te entrego enteramente y no sé quién soy todo el tiempo como solía saberlo. Por eso cuando no estás, cuando desapareces de mi vista y no estás a mi lado... siento esa necesidad de asesinarte, de atarte, de obligarte a permanecer permanentemente a mi lado. Y a veces me convenzo a mí misma de que en el fondo te gustaría tanto quedarte conmigo, te haría tan feliz si lo pensases detenidamente.



Pero es como si fueras una especie de visita constante en mi vida, alguien que viene y va continuamente, y el resto de tus horas, ésas que eres sin mí, también quiero que sean mías. Estoy loca. Es una obsesión insana. Pero es que cuando no estás esa parte de mí que te llevas me falta, me quema, me dice corre, huye, recupérate, duerme, sueña, vive, aléjate. No esperes a que vuelva o será demasiado tarde y tendrás que quedarte para siempre, esperando a que aparezca para volver a estar completa.



No, no digas nada, cállate. No podrías entenderlo aunque te lo explicara. Tú quieres hacerme creer que puedes entenderlo, que tú tienes tus cosas... pero no es así. Cuando alguien como yo tiene que decir esto, las cosas son demasiado complicadas. Y el silencio se expande, y todos los rostros conocidos me miran. Todos esos ojos dicen algo. Gritan a voces una única cosa, una única salida, la señalan una y otra vez. Y la condescencia, el sentimiento de como puedes ser tan boba, tú, con lo que tú has sido... Y dicen mi nombre en silencio. Pero ya no sé qué significa, creo que ya no soy eso. Quizás ahora soy más en vez de menos, ahora que soy capaz de depender y de darme a alguien, pero si soy sincera no me siento así. No sé si son las miradas que ya no escucho, no sé si es la soledad en la que me encierro, pero algo dentro de las paredes grita que sí, que soy más pequeña, que lucho menos, que mi ira se esconde hasta de mí y rebota contra las paredes, que no sé a qué espero. Que quizá todos tengáis razón, que por una vez no sea yo contra la corriente la que se salva, que quizá deba dejarme ahogar. ¿No?



Pero por un momento, si de verdad queréis compartir este silencio, estar cerca de mí, beber de la vida que he dado y doy, pensadlo. ¿Qué haríais vosotros si fueseis yo? ¿Creéis que aguantaríais? ¿Que lucharíais hasta contra vuestros instintos y vuestro dolor por aquello que sentís, por aquello que pensáis? No os hablo de tonterías como la media naranja, el amor a primera vista. Pero, ¿y si os volvieseis a conocer a vosotros mismos en presencia de otros? ¿Y si, por casualidad, encontraseis la mayor de vuestras debilidades en el último rincón que esperabais, de pronto, de frente, transparente, sin trucos y directo a los ojos? Puede que sintáis que la fuerza está en quererse por encima de todo, pero para mí la fuerza esta en pelear por lo que quiero como pelearía por mí misma, hasta el último aliento. Y no significa que pasaré toda mi vida esperando, que pasaré todos mis años mirando por la ventana mientras quizá hoy vengas. No. Pero tampoco miraré a las caras de los demás, no me dejaré juzgar, ni siquiera en esto, ni siquiera aunque crea que exista razón. Porque si alguien esta destinado a conseguir lo imposible, seré yo. Y los demás, entonces, me miraréis y guardaréis un silencio. Un silencio que no dirá nada.

jueves, enero 10, 2013

Buen inicio,


¿no crees?

Cualquier día es el día. Uno de enero, tu cumpleaños, el día que decides que hasta aquí, que haces operación bikini, que esta relación no es sana, o solo que quieres ser feliz. Un día decides que has cambiado, o que quieres que lo demás cambie.

He cogido la maleta roja, la de lunares, me pone de buen humor. Odiaba los lunares cuando era pequeña, igual es por eso que aunque siguen sin gustarme ahora les tengo más aprecio, son algo así como la infancia perdida, la alegría generalizada, la sonrisa del tipo que te ve sacarla del maletero y dice: mira qué chica más maja. Soy esa chica maja con sombrero negro y botas de piel que mete un par de libros, los cascos, cargadores, unos vaqueros y un suéter, uno que no sea de lana porque me da alergia. También meto bragas, no os penséis que soy una cochina... Un termo de café que llenaré de té porque ya no puedo beber café, vicios que me quitan, ya tan joven. Unos calcetines gorditos, o unas zapatillas de andar por casa, aunque no sé porqué, siempre ando descalza. Un cojín, sí, mi propio cojín, siempre he sido algo extraña. Estoy dudando con mi manta de peluche, es mi manta y para eso también soy una persona especial, pero ocupa demasiado. También necesitaré un vestido, aunque nunca salga de casa, los vestidos me ponen de buen humor. El tabaco que me relaja, varios mecheros porque los pierdo, un pintalabios rojo y antiojeras (mis ojeras son de infarto), crema para las manos y el pintauñas morado.

Sí, esta todo.

Pero no sé a donde voy. Y me siento en la cama y miro a ningún lugar y a todos, la lámpara, la mierda acumulada en los rincones, los papeles, los peluches y las pelusas que se esconden bajo la mesita. ¿A dónde quiero ir? Y me contesto que a cualquier parte, porque en el fondo, mientras no esté aquí cualquier parte me basta. Un sitio con mucha nieve y una chimenea quizá, y hacer patatas asadas en papel de plata... Pero son demasiados recuerdos. Un río. Puede ser. Me gusta el sonido del agua correr entre las piedras. No tengo nada en contra de los lagos por otra parte, aunque en esta época del año creo que no hay patos, y un lago sin patos no es lo mismo. Si hubiese motos de agua... aunque con este frío... Y todo vuelven a ser demasiados recuerdos. Los bosques tienen bichos, aunque quizá con el frío hayan muerto, pero es posible que acudan al calor de mi casa, y les tengo fobia. La playa está demasiado lejos, y las que no lo están quizá me hacen sentir demasiado cerca a mí. Una ciudad llena de gente y de sitios de comida tailandesa sería perfecto. Aunque para eso podría quedarme en casa, ¿no?

Dejo la maleta en el suelo, me quito las botas y me tumbo. Puede que hoy haya pensado demasiado, quizá con dar el paso y decidir que quiero irme bastaba, puede que no haya que coger directamente la puerta, ahí, a la locura. Probablemente es justo lo que había que hacer, pero me ha dado miedo. Y he reculado. Reculo muchas veces, soy como un camión averiado con un conductor sin sentido espacial alguno. Y no, no digáis mujer, machistas de mierda.

¡Hay que ver lo que hay que aguantar! Ni hablando con una misma os calláis los demás. Estáis ahí en la periferia, con vuestras absurdas e incoherentes opiniones. Bueno no voy a ser tan intolerante. Quizá no sean absurdas del todo. Pero no las comparto, no intentéis convencerme. Aunque a veces podéis hacerlo, solo necesitáis dar en el punto exacto, ahí, ¿lo veis? Sí hombre, está ahí delante, no os hagáis los tontos. Sé que voy de dura, pero esta claro como el agua donde me duele, y no digo libro abierto porque me parece trillado. Hasta la palabra trillado esta trillada, ¿no? Por cierto, ¿alguno de vosotros sabe qué es trillar?

Trillar (Del lat. tribulâre)
1. tr. Quebrantar la mies tendida en la era, y separar el grano de la paja. (Mira, la era, yo sé lo que es eso, en mi pueblo las hay, hace mucho aire para eso de separar y para que se me levante la falda cuando voy a beber mientras veo las estrellas. A las eras llevan a las mozas a cazar gamusinos y a meterles... de todo, hasta miedo)
2. tr. Dejar a alguien maltrecho. (Comprendo porqué... te quebrantan cual mies oiga, en cero coma, con dos palabras y un derretimiento, y piensas que nunca volverás a estar entero)
3. tr. coloq. Frecuentar y seguir algo continuamente o de ordinario. (Nunca te acostarás sin saber algo más, yo trillo los bares que da gusto)
4. tr. Cuba. Descascarar, clasificar y seleccionar los granos de café. (Pues gracias, lo hacen muy bien, está muy rico, pero no me hagan pensar en café ahora que se me antoja y la liamos.

Y acabo de ser trillada, reiterante, usar varios tópicos y la soberbia para contaros que creo que me quedo en la cama y me pongo una película. Una de los Cohen que sea divertida, Quemar después de leer probablemente, me anima ver a Brad Pitt haciendo de imbécil, hace que me sienta mejor conmigo misma que el hombre físicamente diez tenga cero cerebro, no sé porqué.

La maleta la dejo en el rincón, no quiero deshacerla. Sé que ha sido un inicio estúpido, un gesto tonto en plan: venga, a vivir la vida que son dos días, a huir, me escapo, no me pilláis, quiero no estar aquí más, hacer mi vida lejos, olvidar. Pero supongo que puedo hacerlo mañana, o otro día. Quizás pueda hacerlo desde aquí. Quizás sólo necesite cambiar y que llegue alguien que consiga volver a hacerme reír.

martes, enero 08, 2013

Una noche como esta

Una noche como esta hablé contigo. Una noche como esta te conocí.

Una noche como esta me di cuenta de cuantas cosas me escondía, y que tú poco a poco ibas levantando las capas que había entre nosotros. Sin darnos cuenta. Una noche como esta. Y entonces creí que estábamos destinados a estar juntos. Precisamente por cómo me desnudabas ante  ti, pero sobre todo porque yo me dejaba.

Una noche como esta me hiciste daño. Varias noches como esta. Recuerdo ver cómo te alejabas, recuerdo la indiferencia, tu amor que no era por mí y que me mataba. Sin darme cuenta. Y me quedé, pasara lo que pasara me quedé. Decidí no separarme de ti en una noche muy parecida a esta. Quizá no porque fueras lo más importante, quizá no porque me hicieras siempre feliz, quizá solo porque a ti te dejé entrar, a ti te dejé quedarte, a ti me rendí, en ti confié, por ti me dejé herir.

Una noche como esta supe que no podía seguir rindiéndome una y otra vez a este dolor amargo que me hace daño en las encías, en la nariz, en la lengua, esa quemazón que va bajando lentamente por mi garganta y forma nudos en mi cuerpo que estallan. Supe que el pánico ante la idea de vivir sin ti era menor al pánico de no poder hacerlo. Y decidí separarme de ti, en una noche justo como esta.

El viento sonaba fuerte contra la ventana. Las copas de los árboles se balanceaban. Pero dentro de mi cuarto los únicos que sonaban eran mis pensamientos. Rebotaban contra las paredes de mi cabeza, me llevaban del terror a la tristeza, de la angustia al lamento, de la histeria al agotamiento. Como si fuera en una vida pasada veía las risas danzar, los pequeños momentos que brillaban ante mí, y la luna muy al fondo diciéndonos que nos fuéramos juntos a París. O a cualquier otro lugar. Juntos. Hablaba contigo, o quizá no te hablaba, pero estabas ahí, eras lo primero y lo último en mi cabeza. Y yo giraba en la cama y durante un segundo cerraba los ojos y pensaba cómo sería todo si me quisieses. No sé si lo deseaba en el fondo todas las veces, pero sé que pensaba qué sería de mi vida contigo junto a mí. Y nunca llegué a tener una imagen clara. Solo esa sensación de haberte dejado entrar, quedarte, hacerme feliz, hacerme sentir bien y mal, sonreír y llorar, crecer otra vez como si todo fuese nuevo y equivocarme, y consentirte, y enamorarme.

Esta noche miro el teléfono, no estás ahí. Miro los huecos dentro de mí, no estás ahí. Miro mi armario, bajo mi cama, entre los mil rincones de cosas de mi cuarto. Pero nada. Trato de cerrar los ojos y ver los tuyos, y no siento alivio, no siento nada salvo un montón de rencor acumulándose, porque siempre tengo que buscarte yo. Trato de concentrarme en cómo creía que podía ser, en cómo te he dejado entrar... y no. Es como si toda la parte tierna e inocente de mi amor se hubiese evaporado. Trato de pensarte sentado en algún sitio pensándome, y te pienso acompañado de todos tus trofeos, de todas tus musas. Te pienso ignorante de lo que hay bajo todas estas capas, con todas las llaves y sin buscar las cerraduras. Y no lloro, no se si es gracioso o triste, pero no lloro. La ira es demasiado grande. Me quedo mirando a la oscuridad, mirando el móvil, buscando dentro de mí algo que me salve. Un cabo suelto que me devuelva a ese barco en el que disfrutaba de ti aunque hiciese daño. Porque no te veo hundiéndote en mitad de la tempestad por mí, para rescatarme.

Porque miro a mi alrededor, miro lo que pasa, miro como ocurren las cosas, como el verano es otoño y después de la navidad va llegando poco a poco la primavera, y por primera vez lo que más me aterra es el momento en que se acabe toda esa dicha. Porque veo en algún lugar una noche como esta en la que adiós no sea un ultimátum ni una indirecta.