miércoles, septiembre 19, 2012

12.09.12

Hoy me viene a la cabeza una frase... "tú no tenías que cambiar nada". Es cierto, yo no tenía nada que cambiar, nada que decir, cada cosa que hice y dije fueron por ti, si tú no supiste valorarlo, si no eres capaz de pelear por retenerlo, cuidarlo, si no sabes que se te acaban las oportunidades y no encontrarás a nadie como yo... no es problema mío.
No hay nada que tenga que decir. No voy a decir nada mientras me pierdes.




Me deseo suerte, me deseo un año que supere con mucho lo que yo creo que debería pasar, lo que yo quiero que pase... un año que me deje sin palabras. Me he dado cuenta de que esa es la clave, cuando no puedes explicarlo, pero todo parece en su sitio. y hace tanto tiempo que no siento que eso sea así.
Por un fugaz momento me miré en los ojos de lo casi imposible, lo improbable, lo que estando fuera de mi alcance, estaba justo ahí, atravesándome, y sin decir nada, nada que realmente fuera comprensible para mí... y entendí.una simple verdad: no puedo juzgar mi camino ni las cosas que hay en él todo el tiempo, no puedo elegir a las personas por encima de los pasos, o de mí... No se trata de elegir con cabeza o corazón, si no de elegir con ambos... de buscar un lugar mejor al que ir sin perder nada necesariamente en el camino. Vi que yo merecía más y nunca era capaz de dármelo como se lo doy a los demás.
Por eso este año no espero la mayor de las alegrías, ni de los triunfos, no rezo por tener a una persona a mi lado o tenerlas a todas, ni el dinero, ni la promesa de un viaje lejos de aquí. Este año me vale con volar en el presente, con ignorar los ojos que se me clavan, los pensamientos ajenos, a veces hasta los sentimientos ajenos... por completo. Ignorar todo lo que no me de las fuerzas de seguir y de ser yo, lo que no me mire a los ojos y me diga: eres increíble, quédate a mi lado hoy. Supongo que quizá es devolverme el respeto que me he perdido a mí misma mientras explotaba toda mi capacidad de amar a los demás y de desear cosas. Una clase de egoísmo probablemente. Pero esa clase de egoísmo, todos los pasos dados, las palabras de los demás, los sentimientos a las tantas de la mañana desde mi cama observando el mundo, solo me han dado la desesperanza de querer rebobinar y cambiar los pasos que he dado. Y eso es imposible, pero no es imposible cambiar desde hoy.
No digas nada, puede que sea mejor. Solo quédate hoy, y mañana desaparece.