viernes, septiembre 28, 2012

Consecuence

Bradbury dijo una vez que escribir es como una enfermedad...

Estoy enferma.

Entiendo que mi enfermedad es la de muchos otros tantos que con el paso del tiempo se agarran a una única realidad: escapar, sentir como el peso con el que cargamos cada día puede irse de algún modo, desvanecerse en la noche. Si dejara mis dedos viajar por el papel sin pensar que estoy escribiendo seguiría escribiendo sobre nada, sobre esa nada que se apodera de mi desde el centro de mi cuerpo y me devora, y como siento la necesidad imperiosa de escribirla, de apaciguarla con trocitos, con letras, con angustia, reproche y dolor. Y esta noche esa nada es inmensa. Esta noche he decidido bajar bien tarde a oler la lluvia empapándolo todo, pensando que quizá eso calmase mis huesos que se perforan desde dentro de pura rabia, el desapacible tormento de tanto tiempo en silencio... No ha funcionado.

Y ahora la calma, una calma fingida en la que me dejo ir, me evado como todos en las notas metálicas de este teclado de bits, es mi peor compañera. Evado el hecho de que mi tiempo se consume en un único lugar sombrío, cargado con todas las cosas que no acepto, con todo lo que no he podido dejar ir hasta ahora y al final me ha podido. Evado las veces que me he dicho a mí misma basta, las palabras ajenas, las miradas de soslayo, la compasión... evado pensar que lo que escribo tenga sentido o no. Evito que mi propia personalidad desapacible y perfeccionista lea estas líneas y se avergüence de sí misma mientras deja constancia de que todos los muros del mundo sólo son eso, muros, protegiendo la debilidad de una mente que se atormenta enferma, que quiere huir siempre de cada cosa porque enfrentarla significaría decir que es real. Cada vez que escribo dejo ir algo y dejo que se convierta en historia, esperando que mañana sólo haya sido un cuento que escribí y poder volver a empezar de cero, sin miedo. El problema es que sigo enferma, y a lo que más miedo tengo es a esa parte de mí misma que vive todo con tanta intensidad, que sigue mirando en la oscuridad del mundo mientras el eco de sus gritos resuena en su cabeza, que se desafía a muerte y no mira atrás... Esa parte de mí misma que más viva esta, la parte que podría un día acabar con todo de pronto. Ella es un huracán y yo trato de contenerla, y no hago más que desgarrarme asiéndome a los filos de mentiras, de verdades a medias. Intento decirle que somos dos, pero me engaño, yo soy esa locura que estalla una y otra vez, que no deja ir las cosas así las convierta en cuentos o elija mandarlas bien lejos. No dejo ir nada, porque es parte de la ola que me da la fuerza cada día, y la que me la quita. Y así me cargo día a día.

Con palabras...

Palabras que no siempre tienen sentido, pero que siempre son la consecuencia de una única realidad: estoy viva. Mientras este viva escribiré y dejaré ir el terror, aunque sólo sea mientras lo escribo.