lunes, enero 30, 2012

Sabina

Después de una tarde de voces semiapagadas, guitarritas y neuronas que avanzaban lentamente, estableciento pensamientos erráticos, sigo preguntándome qué es lo que pasará que cada domingo, cada día después de la fiesta, después de lo que ocurra en el escenario de esa vida de neón, vuelvo a esta esquinita de preguntas sin respuesta, de canciones que debo a una vida que ya fue y no volverá nunca. Tengo claro que por mucho que piense mis días seguirán los mismos caminos que nunca llegué a tomar y aquellos que no me decido a abandonar del todo.
Quizá en estas dos semanas de silencio, estas dos próximas semanas de domingo, sea capaz de poner en orden los armarios, quizá mire con otros ojos tareas como regar las plantas, y el quedarme tumbada me parezca un suplicio. Porque a pesar de todo lo que me propuse hemos vuelto a esas sensaciones tan incómodas, esas sensaciones que presionan la boca de mi estómago. Complicaciones, caras largas. Sí, mientras el miedo a los próximos días me acecha lo único que mis ojos ven al cerrarse son esos momentos que me clavan segundo tras segundo a esta cama. Al hablar de ellos en voz alta trato de hacerlos desvanecerse, pero no lo consigo.
Querría volver a ver el mundo con los ojos que llevaba antes, aquellos que veían el mundo como un regalo, que no esperaban. Quiero volver a creer en esas sorpresas, que algo me despierte y me recuerde que tengo motivos. Por una vez no ser yo la que me lo diga y me lo crea, por una vez no estar sola. Dejar de ver tus pequeños ojos verdes mirarme a través de la mesa, cuestionando cada cosa que se diga, entre el humo, al oír esta voz que es casi tuya.
Amores que matan, nunca mueren

Jommy Nivek