sábado, agosto 27, 2011

Shhhh

Tiene gracia que a veces una cosa que no tenía sentido en su momento acaba por encontrarlo de repente. Hace años escuché como cuando estamos en el más absoluto silencio los sonidos se magnifican y se diferencian, como se hacen atronadores a veces y te atrapan. Entonces no lo entendí y con el tiempo creo que he ido haciéndolo. Creo que antes la soledad vivía en mí, y cuando el silencio me rodeaba me sentía segura, los demás eran invasores en mi vida.

Ahora a veces la soledad me pone triste, hace que las horas derrapen, se alarguen indefinidamente y se vuelvan algo amargas, hace que extrañe lo que jamás deseé extrañar. Y en ellas me pregunto cuantas cosas podría cambiar, cuantas he cambiado. Hacerme esas preguntas provoca en mí el deseo irrefrenable de llenar el vacío, parar el silencio, que los objetos a mi alrededor cobren vida, que aparezca algo que lo cambie todo, que llegue alguien que me abrace y me diga que todo irá bien. Y necesito salir, que el aire me envuelva, que arda el mundo y el acohol queme por dentro. En esos momentos me doy cuenta de toda la fragilidad que he escondido estos años y que las luchas solo han magnificado, me doy cuenta de que antes nada era real, nada era importante, no temía perder nada, y ahora lo hago. Ahora solo quiero callar el mundo en una música interminable que me ayude a vivir conmigo misma.

Todo ha cambiado, el silencio, las preguntas, las estrellas, el espejo que me devuelve la mirada, la ropa de mi armario, mi piel, los ojos que me juzgan al cerrar los míos.


Jommy Nivek