martes, abril 19, 2011

Primer pinito periodistico - ARTE

ARCO CUMPLE 30

La capital acoge la trigésima edición de la exposición de arte contemporáneo ARCO incluyendo, además de algunas de las últimas tendencias en arte, un recorrido por los últimos treinta años de certamen a través de imágenes representativas.

Las nuevas tecnologías inundan ARCO más que nunca, dentro y fuera. Cientos de aficionados al arte se acercaron durante los días de la exposición y capturaron algunas de las obras más llamativas de la edición pertenecientes a las 197 galerías que participaron en el evento. Cámaras y móviles de última generación lanzando flashes por todas partes, para retener un trocito de obra sin tener que pagar los miles de euros que cueste. El arte contemporáneo no deja indiferente a nadie, y la mezcla entre pintura, fotografía y escultura formando obras totales y llenando stands parece ser la tendencia actual. Por no hablar de las proyecciones de luces y algunos inventos que mezclan la tecnología y el arte; una figura humana proyectada en la pared a través de cortes en la campana, o el ganador del premio al arte BEEP del Arte electrónico, devolviéndonos nuestro ojo reflejado en una enorme esfera.

Del lado de la mezcla de texturas y distintos tipos de pintura y técnica tenemos la muestra de acrílico y acuarela del sevillano Miki Leal. Entre las fotografías las panorámicas de ciudades o la mezcla realidades paralelas que se cruzan de marco son lo más abundante, como la obra de la portuguesa Helena Almeida. En óleo cabe destacar el maravilloso ejemplar de Antonio López “Madrid desde Torres Blancas” otra de las genialidades del manchego que sigue pintando la capital española con una precisión y un realismo que nada tienen que envidiar a las tendencias opuestas que abarrotaron los pabellones 8 y 10 de IFEMA. Como los “Deminscapes” de Soi-Young Choi de origen coreano; cuadros de paisajes urbanos creados con tela vaquera, entre los que se encuentra una enorme pieza de una ciudad costera especialmente decorada y sin duda muy chic. Es posible que la aceptaran también unos metros más allá en la exposición de la Semana Internacional de la Moda Madrid.

El stand del País fue sin duda uno de los más efectistas gracias a un gigantesco montaje que trata de capturar un instante, como fotografiado, de la destrucción de una oficina que salta por los aires. Bajo la firma de la pareja de los artistas totales cubanos “Los Carpinteros” (Marco Antonio Castillo Valdés y Dagoberto Rodríguez Sánchez) miramos esta enorme metáfora quizá a la crisis que ha hecho estallar las oficinas, quizá a la que ha hecho estallar el concepto del trabajo en un espacio físico por el de internet; pero temas filosóficos aparte la obra no puede por menos que provocar una mal disimulada boca abierta a los visitantes que si acercan la mirada verán que hasta los bolígrafos están sostenidos al borde de la caída y la destrucción.

Pero una vez más la escultura es la gran protagonista del nuevo siglo con obras como “For my father” de Gerard Demetz con un corte algo más clásico y una profunda mirada a la infancia; o la divertida -sin dejar de ser reveladora- instalación del colectivo Kimberly Clark para la galería Luis Adelantado, mostrando a una mujer rodeada de casquillos de cerveza (marca Heineken, la cual precisamente presentaba una botella muy original en el evento) y vestida tan contemporáneamente que se la puede confundir con una visitante. Cerca también encontrábamos el montaje casi de película de Disney de Mario Mauroner que parecía fuera de lugar en medio del stand de la galería austriaca Contemporary Art, y traía reminiscencias de las figuritas de porcelana de la infancia de toda niña, algo mayor ya. Sin embargo la obra “Let’s get lost” de Álvaro Alcazar captó especialmente mi atención por dos motivos esenciales. El primero es la gran carga emotiva de la imagen religiosa de Cristo crucificado, que aún sigue siendo un icono, y que, quizá por su sobre explotación en la cultura pop ha ganado aún más fuerza, con el añadido del uso del negro azabache. El segundo motivo es la elección del cartel de luces, y la ironía de la frase sobre el icono en sí, la superposición del ejemplo de encontrarse a sí mismo, la santidad, la bondad extrema, junto con una llamada a la perdición en una evocación muy sensualista y muy vinculada al mundo de la noche y el espectáculo.

Por último mencionar la presencia de los montajes Focus Rusia que trataron de acercar el lejano país con distintos ejemplos como las creaciones audiovisuales de Marina Alexeeva o las obras tituladas “Radical Abstractionism” del artista exiliado Avdey Ter-Oganyan, censuradas por el gobierno de Putin. O la gran presencia de arte japonés de la exposición, un gran ejemplo: Minako Abe y sus coloridos paisajes o las impactantes imágenes derretidas de “Sleeping Beauty” de Miwako Iga.