sábado, febrero 05, 2011

2010 ha sido un año lleno de sueños y tropiezos. Hacé un año exactamente hablaba de mi esquema de la princesa, el castillo y el dragón, y escribí: Lás lágrimas limpian el barro de la caída. Levantarse es sólo apoyar las manos y empujarse poco a poco. Las piernas al principio no contestan, pero no importa, lo harán. Y cuando estés de pie del todo, sólo mira al frente para seguir con tu vida.
Sigo pensando que tenía razón, sigo creyendo todas esas cosas, y además ahora creo en otras. Sigo teniendo mi fuerza y la capacidad inherente de recuperarme de todo, aunque no sea en el preciso momento, aunque sea algún otro día en el que pueda parar de llorar y empezar a pensar con claridad. Pero eso no necesariamente debe significar que ande cuidándome constantemente de las caídas y que huya cada segundo del sufrimiento, de la debilidad.

Así que empecé triste y desesperada, vagando, y seguí sin pensar ni pararme a observar, seguí sin principios salvo el de mantenerme donde estaba, el de no cambiar, el de seguir adelante y ser yo misma pasara lo que pasara, el de conservar lo que más me importaba del mundo, y salvo en este último, y de casualidad, no cumplí ninguno. Puede que otros piensen que éste sea un año para olvidar, para mí puede que sea el año que deba recordarme cada vez que quiera huir, cada vez que quiera esconderme, cada vez que dude entre decir lo que pienso y callar. Ahora sé todas las cosas que necesitaba aprender y puedo ser feliz de una vez por todas o al menos sentirme bien sin más peros. Ahora tengo lo que quería y nada de lo que no soportaba, y esta en mi mano que dentro de 365 días mi vida siga siendo así o sea otra.
Pero si es otra me gustaría volver a esta página para recordarme que el cambio no es malo necesariamente, y que, aunque no lo vea en ese instante, algún día lo veré. Aunque sea después de un año o después de toda una vida. Una mañana me levantaré y miraré por la ventana, haré café y leeré algún libro mientras me acomodo en el sofá, y quizá en ese momento, mientras escucho el silencio y repaso mi universo, me de cuenta de que he dado otro gran paso, que mi vida me gusta, que quiero seguir justo donde estoy: en la continua ola de la evolución, en el eterno camino hacía mí misma.


Jommy Nivek