sábado, febrero 05, 2011

(14)

-Puedes provocar el cielo y el infierno con sólo mirarme con tus enormes ojos y suspirar un instante, ¿lo sabes?

Ella seguía mirando hacia otro lado tratando de tragarse las lágrimas, pero yo sabía que lloraba y no entendía porqué tanto empeño en ocultar que era de carne y hueso, porqué tenía que parecer siempre la chica que podía con todo. Rompiendo siempre el cliché de que era chiquitita y vulnerable una y otra vez hasta destrozarse de verdad. Ella debía arrasar con todas esas ideas y sonriendo mirar al ifinito. Tragarse el mundo entero en un suspiro, apretando fuerte el paso, segura. Agarrar el ojo de la tormenta y aplastarlo sonriendo, y si para eso debía morir en el intento lo haría. Esa actitud me daba mucho miedo siempre.

-¿Qué te dicen ahora mis ojos? -preguntó girándose hacia mí.

Durante unos segundos contuve la respiración y traté de fijar su imagen en mi retina: el pelo enredándosele alrededor de la cara,los rizos corriendo despavoridos surcando el aire, salvaje; los ojos húmedos y abiertos, rodeados por surcos oscuros de rímel; los pómulos sonrosados de rabia y de frío, resaltando como dos luces enormes sobre el fondo pálido; el cuello estirado, la barbilla apuntando al cielo, altiva, desafiante; la nariz dilatada vibrando imperceptiblemente, y aún así tan pequeña...

Me incliné hacia ella invadiendo su espacio, obligándola a echarse hacia atrás algo sorprendida.
-Dicen que te bese.

Y la besé sin parar, durante minutos interminables. Ella al principio fingió retorcerse, yo fingí que me importaba. Pero al final nada era real. Su boca seguía siendo mía, mi corazón era suyo, y aunque a veces pareciese una broma, algo destinado a fracasar, un absurdo... sin ella no quería respirar, no quería sentarme a ver la vida pasarme por delante. Sin ella la vida volvería a ser otra vez la misma puta procesión de días sin nombre, de lugares sin luz. La necesitaba, punto.


Jommy Nivek