miércoles, marzo 24, 2010

sometimes music flows to dance you



Quiero unirme a tus pasos en este baile de luz, quiero caminar a tu lado altiva y observada, no temerle al aire ni a la vida, no llorar nunca más. Poder mirar esas pequeñas cosas que saltan a nuestro alrededor inquietas, y acogerlas para besarlas. Devolverlas a su lugar sin más despedidas que una mirada. No entiendo cómo podría salvar este abismo que hiere para llegar hasta tus brazos, me faltan horas, me faltan fuerzas y sentidos para poder amarte. Y no se cómo ser acompañada de esta música. Adelantar un pie, el siguiente, e inconscientemente viajar entre tus brazos con más fuerza en cada paso.
Aflorar un sentido a tus mejillas y no encontrar explicación. Busco entre los cajones de mi cuarto la esperanza de otras veces y oigo deshilacharse el viento al otro lado de mi ventana plagado de motas de color. La pupila ha crecido lentamente hasta ocupar el ojo entero, y abrir la persiana me ha herido eternamente. Tengo quemado el cerebro por tu luz. Pero no lloro, permanezco de pie hasta que pueda observarte sonreír en los pequeños detalles. Los árboles verdes, las luces pasear, el sonido del agua que algún privilegiado retiene en un paraje cargado de vida en su estado más primario y bello, carente de las comodidades de esta ciudad en la que busco recovecos para escapar.
Y caen los retazos de otro tiempo y vuelven a resurgir. Nacen. Luchan. Horas de dolor y rastros de sangre que al poco brillan, se dispersan y emanan luz. Una libélula alcanza el otro lado del río y juega entre las flores en todos los cuentos. Nunca estamos seguros de nuestros principios hasta que los rompemos y los vemos separarse en este aire claro y dulzón. Las libélulas son esas hermosas hermanas a las que jamás dañaríamos, entonces, ¿por qué matamos a las moscas? Una nana agazapada en mi regazo silba contenta porque ha encontrado donde posarse y crecer. Me cuenta historias de otros tiempos, de otras libélulas, otros ríos, otros dolores. Dónde ser. Donde alzarse y volar y crecer. Donde ser todas las maravillas del mundo y no jactarse.
La belleza esta escondida en un pañuelo en algún lugar remoto que no recuerdo. Y al repasar las fotografías veo la misma historia una y otra vez que nace para ser feliz, pero acaba muriendo. Así como el tiempo te ensalza en rostros que no conocías para dejarte huellas silenciosas, así quiero yo divagar. Así quiero yo sentarme sin más compañía. Con el calor abriendo mis poros y la brisa, o el aire acondicionado, ¿para qué engañarnos?, erizando el vello de mi piel. Ver en ese ciclo todos los demás ciclos. Sentirme sabia por los años conocidos. Y mecerme al compás de la noche estrellada de mayo que siempre esperas y nunca llegas a alcanzar.


Jommy Nivek

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