jueves, febrero 25, 2010

La muñeca de la fábrica de los sueños rotos


-Tiras de un extremo y yo de otro. Creemos que la vida siempre dará más de sí.


Cuando terminamos la primera botella que compartí con ella, comenzó a bailar trazando círculos en el aparcamiento mientras yo encencía un cigarrillo. Era indescriptible. Bonita, pequeña, algo destartalada, como un viejo coche, un coche de los guapos que ha sido abandonado en una callejuela. Como una muñeca llena de polvo al final de una estantería que nunca nadie compró.
Mientras la miraba, el humo comenzó a crear una esfera a su alrededor, un paisaje irreal que debí imaginar entre una alucinación y otra. Jamás hubiera pensado que aquella chica pequeña y huidiza podría ser la ninfa que bailaba aquella noche sólo para mí. Y dejó de ser para siempre otra de esas chicas de una noche que llevaba a mi casa y a las que nunca quería volver a ver.
Entre caladas y tragos, sus ojos enormes y marrones que no me miraban nunca, sus labios llenos de heridas que no dejaba de morder, su precioso cuello impecablemente blanco que se asomaba a intervalos entre la cascada de rizos oscuros que ocupaba más de la mitad de su pequeña espalda, me envenenaron poco a poco; y cuando al final de una conversación absurda decidí acabar con la noche antes de arrepentirme, no pensé que jamás podría observar nada tan bello.

Anduvimos cosa de media hora, ella miraba sus zapatos, los árboles, cualquier cosa que no fuera a mí. Y al llegar a su casa no era consciente de haber llegado siquiera. Fijó sus ojos en la valla distraídamente, y sobresaltada dió la vuelta para encontrarse por segunda vez en toda la noche con mis ojos. Su expresión perpleja y divertida se clavó en mi retina a través de esa bruma habitual de alcoholemia.
-¿No piensas follarme? -preguntó sonriendo.
Mi primer impulso fue arrastrar de los pelos a aquella niñata descarada, llevarla a mi casa y quitarle la tontería junto con la ropa y lo que le quedara de decencia.
-Aún no.
E inclinándome sobre la boca más jodidamente perfecta que he visto en mi vida le arranqué la burla con un beso. Y fue el último primer beso de mi vida.
Compré lo que nadie más había sido capaz de ver, almacenada durante mucho tiempo, en una tienda indiferente que fue su vida, proveída por sueños rotos s.a.




Quiero imposibles que jamás encontraré en el cajón de los objetos probables de Dios. Cosas que nunca me darán los universos vacíos de las personas. Quiero una sensación que quema la sangre despacio con un dolor que incita al placer y al júbilo. Quiero que un día, mío, te acerques y me quites la vida en un beso, en un polvo increíble, en una frase que me deja sin respiración y se apoderá de mí poco a poco, para siempre.

Hay gente que no sabe amar, y nunca aprenderá. Pero gracias a ellos lo que tengo yo es más valioso en este mundo...


Jommy Nivek

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