jueves, diciembre 24, 2009

Cosas que me suenan



Cosas que se caen y se estrellan
Cosas que alambradas son dolorosas
Y metidas entre los brazos curan heridas
Cosas que han desgarrado la piel desde dentro
Y depués han amargado la carne hasta secarla
Cosas que me debo
Y me pago a escondidas.
Pero son cosas, y siempre estoy sola
para vivir de ellas.

Me conozco la historia aunque no pueda predecirla. Me conozco los acordes aunque no pudiera tocarlos. Las cosas que no digo resuenan en mi cabeza, y tengo la impresión, de que como el eco, seguirán rebotando hasta encontrar la salida, y seguirán aturdiéndome.
Siempre se me ha dado bien morir despacio en una esquina, dejar que el cuerpo se me desgrane a escondidas, mientras mis sueños desaparecen bailando entre la niebla.
He vomitado el corazón ya muerto, demasiado maguyado se pudrió por dentro.
Ahora se supone que he aprendido, quizá, no lo sé. Debería saber qué decir y qué hacer ante esto, pero no puedo explicarme. Ya da igual. De la misma forma que siempre. Los labios cortados, los ojos inchados, la cara pegajosa y blanda. Porque el alma de blues desciende, y se pone a cantar para los fantasmas del armario. Porque después de cambiar de armario y ordenarlo, se volvieron a colar. Ya no sé si importa. Puedo vivir con ellos en paz. Me molestan lo justo para la vida, y en estos momentos, sostienen mi mano mientras la angustia me asfixia con su mano de hierro, murmuran silenciosamente letras de canciones de amor que olvidé, letras que me hicieron feliz, y letras con las que lloré, con las que provoqué mareas saladas que carcomen los huesos y la piel.

No engañaría a nadie, no soy así. Te quiero. Me he roto por dentro esta noche sintiéndolo por tí y por mí, me he roto por dentro reconociendo que amo cada sonido y cada olor de tu cuerpo, que echo de menos tu abrazo, que quiero seguir sintiéndo tus besos, que quiero poder ser tuya.
No engañaría a nadie, y por eso sé que no debo. No puedo, no me convienes, desde el principio sé que no encajamos que me rebientas, que me dueles, que vas a hacerme daño gratuitamente, y yo a tí. Y lo peor será, que como todas las cosas, no lo superaré de veras. Seré la chica fuerte, seré la roca que todo lo puede, la prepotente que siempre sale indemne de la vida. Y serás otro de mis fantasmas para cantarte, y me destrozaras como todos, año tras año. Principalmente en navidad.

Todo son cosas pasadas, son cosas que conozco, cosas que me sé. Todo son cosas que me suenan en el oído de tiempo. Musica que se dibuja en el aire y cambia el color del cielo. No hay más luz en mis ojos apagados de llorar. Y no sé cómo soy capaz de sobrevivir y reconocerlo


Jommy Nivek

Vivo aprendiendo



Cuando creces queriendo saber todo, hay una parte de inocencia que se olvida. Hay una parte de sabiduría que se presume, y que se disuelve en la lluvia de los días.
Sé que no sé hacer las cosas bien, sé que me equivoco, y pago cada uno de mis golpes, pago cada uno de mis dolores, y los ajenos. Nunca me arrepiento, pero lo siento. Siento cuando oigo tus lágrimas correr cuerpo adentro, y siento no contar con un olor indefinido en la almohada al acostarme. Cerrar los ojos hundiéndolo en tus huellas, viendo este animal que es de todos los sitios y de ninguno, viendo los dolores que vienen de mis acciones y que van a ellos, pero no puedo, ya no puedo preguntar qué hago, ya no puedo pedir, ya no puedo nada, sólo puedo seguir sintiéndo en silencio, mientras espero tu sonido en algún rincón. Porque aunque te eche una y otra vez de mi lado, también te quiero. Si esto es jugar que me detengan por hacer tantas trampas.

Ojalá se pudiese reiniciar, comenzar a aprender todo de nuevo, no tener que remendar los quebraderos, ser una tabla lisa sobre la que empezar a trabajar, no tener tantas taras que estropéen los momentos.
Pero no, verdad. En eso se basa esto. Puede que lo parezca, pero nunca hay segundas oportunidades para hacerlo mejor. Sólo está esta vida, y sólo puedes remendar pero nunca reiniciarlo. Es imposible.

Duele demasiado. Duele aún más. Porque siempre, las heridas ocultas son las que se pudren y se pasan la vida doliendo.

Jommy Nivek

Día 21 de Diciembre, un día extraño

Hoy, desde que no me he levantado (xD) me siento extraña. Me siento muy gata, muy ida, muy en el humor de sexo, drogas, rock n roll y no mirar atrás jamás. Y creo que el dolor no es inhumano, y creo que tengo derechos sobre el mundo que no puedo evitar. Creo que por una vez voy a sacar la cabeza por la ventanilla y gritar, porque, ya me da igual el mundo y sus ideas, ya me da igual donde pongan otros sus fronteras. Algo esta demasiado roto en mi interior y ya no soy fiel ni a mis propias reglas. Voy a destruir el mundo, voy a arrasarlo con mi traje de ir a cazar y ésa sonrisa que tanto miedo da. Escuchando a Cobain en el audio

Y si te ato a la cama y paso horas torturandote? Y si bailo contigo este trozo de canción mientras me sujetas fuerte, en horizontal? Y sí bebo de tu boca toda la noche hasta reventar? Y si no dejo de arañarte hasta que te salgan mis cicatrices de por vida? Y si sólo deseo jugar? Y si sólo deseo reirme? Y si sólo deseo pintar sonrisas a los demás? Y si huyo del sentimiento? Y si me da miedo? Y si pierdo el reparo a decir lo que quiera decir? En quién me convierte eso ahora? Y por qué me da igual?
He descubierto que cuanto menos lo intentas mejor sale. Voy a dejar de tratar de hacer las cosas bien. Voy a dejar improvisar al mundo. A cuidar de los amigos que siempre he tenido, a cuidar de los nuevos. Sere Candywoman con medias por la rodilla. Seré tú fantasía por ser la mía. Y si me paso de la raya... Bueno, nunca le he temido a los castigos, vengan de donde vengan.

No sé, será que la vida es puta, que estoy salida, que llevo demasiado tiempo dejando pasar el tiempo, o pensando en el pasado y en lo mal que hice todo una y otra vez. Qué dará? Ya no puedo volver a atrás y arreglarlo, ahora sólo quiero seguir viviendo mi vida sin pedir permiso. Ahora sólo quiero seguir disfrutando de bailar frente a alguien que me observa con esos ojos de devoción, de deseo; con alguien que me acompañe, que me respete, que pueda ser mi amigo. Y quien pueda seguir la norma que me siga, no pienso dejar de pisar a fondo hasta el final de la carretera.

Sólo es deseo, pero... qué hay más fuerte que el deseo?

Jommy Nivek

Te lo dije

Odio esa puta frase... Pero, ¿sabes cuál es la peor parte de esa frase? Decírtelo a tí misma. Lo sabía, lo sabía, lo sabía. Te lo dije. Te advertí. Ya sabías donde te metías... Y aquí estás... Y sabes como va a ser, lo has sabido todo este tiempo. Todo este tiempo, todo el mundo, y yo, repitiéndomelo. Y ya me he cansado de escuchar en vano, ya he descubierto que no tiene remedio. Porque con la edad aprendes una cosa importante del ser humano, y es, que en esencia, nunca, jamás, tendemos a mejorarnos.



Y sé que yo misma soy peor, sé que me he convertido en alguien mucho más despreciable, más predecible, más aburrido, más caótico, más extraño. Me he convertido en una rebelde de media vida, que durará poco y se deshace de sus sentimientos, de sus amigos, de su vida en general, con facilidad. Y no llora, o llora menos. Le ha perdido el miedo a caminar largas distancias alejándose sin nadie alrededor. Y aunque se canse se levanta y permanece. Nunca será feliz con nadie porque es feliz en sí mismo, porque se quiere demasiado para compartirse de veras. Y es egoista consigo mismo y con su vida por naturaleza, y no quiere prestar segundos de un interior complejo a nadie, porque no pueden entenderlo.Tengo demasiadas caras, soy demasiados cuerpos, demasiadas mentes al día. Y al final estoy tan cansada...

Y los demás. Los demás siempre son los mismos. Están los que encajan conmigo, los que son fieles, los que te defienden, los que te respetan. Y están a los que todo les da igual salvo ellos mismos y lo que desean. Salvo su culo, sus necesidades, su voz, su sistema. Y juzgan sin mirarse en un espejo y pensar, si no serán ellos los primeros en carecer de todo sentido. Ya estoy cansada de perdonar los errores ajenos, ya estoy cansada de la chica buena-tonta a la que todos creen poder engañar, y es al revés. Veo todo, siento todo, escucho todo, todo lo recuerdo, y me es tan tan difícil perdonar de corazón...
Pero siendo realistas, ¿a quién quiero engañar? Hace demasiado tiempo que no me preocupo de gustar a nadie. Hace demasiado tiempo que me quiero a mi misma de más para esconderme en un armario y decir algo distinto a lo que pienso. Y si duele, lo lamento. Y si decepciono, se curará.
Ya no quiero ser especial ni importante. Ya no quiero ser nada para nadie. Me he cansado de mantener estatus para alguien que no sea yo misma. Para alguien fuera de ese circulo que tracé para mí. Para ese círculo al que casi pertenecías ayer y hoy ya no existes.

Jommy Nivek

You know

...when you have that perfect moment, everything goes great, and suddenly a piece fall down and the balance start the travell to fuckinlandia... and now, all that surrounds me sucks



I wish I could get my life again, the way I used to stand

Y si me encierro y digo adiós al mundo, recuperaré quizá esa ínfima parte que puedo retener. Y nadie me seguirá juzgando en esta mierda de mundo, y nadie seguirá señalando con el dedo, temiendo, nadie seguirá consumiendo cada uno de mis deseos, cada uno de mis momentos, cada uno de mis dolores y mis te quieros, mi tiempo. Para luego regresar con el dolor, la ira, el agravio, lo que sea, pintado en la cara y recriminarme por ello. Quiero ser yo para mí, y dejar de esperar una vida mejor, dejar de buscar a alguien mejor, dejar de esperar, dejar este circo lleno de payasos donde me he colado a disfrutar, y he salido llena de arañazos....

Nobody knows the way I feel
.......................
The emptiness in me is faddin,
I can see my life is waiting...
Now I know Im livin for who I am

Sólo quiero volar sin paredes que enfrentar, ni gente a la que dar el gusto de unas espectativas que no son mías... Esta soy yo, esta seré siempre, si no te gusta pasa de largo, olvidame, no finjas. Siempre he pensado... Y entiendo porqué. El mundo no esta preparado para nosotros y nos empeñamos en esforzarnos, y yo sólo quiero ser quien soy sin tener que temer ni esconderme por ello. ¿Por qué cuesta tanto reconocer que lo demás son mentiras? ¿Por qué cuesta tanto aceptar a los que no son como nosotros, si en el fondo, dentro de nosotros, hay algo que siempre es igual?

Ya no quiero encajar... Pero quiero que me dejen en paz, que me devuelvan el control de la vida. Quiero poder enamorarme de alguien que sea real, y que me quiera por quién soy en realidad, sin empujarlo, ni esperarlo, sin tener que ir a escondidas... sin arrepentimientos, odios o silencios vagos frente al ordenador

Jommy Nivek

Necesito dejar que mi mano se deslice, que mi mano deje de apretarte y asfixiarte por encima de la tuya. necesito poder perdonarme a mí misma mientras te dejo ir a un lugar mejor, mientras te dejo superarme y volar, ser feliz en algún otro lugar con otro ser que te complete como yo lo hice o más. Cuídate, disfruta el viaje.

Necesito que las lágrimas rueden por mis mejillas hasta secarme, y dejarme vacía, por mucho tiempo, sin tí. Necesito dejar de sentirte mío, dejar de depender y recurrir a tí cuando no me da la vida. Necesito dejar de ser tu salvavidas. Porque si te quisiera, y sé que lo hago, superaría esta estúpida visión patética de mí misma, y sería capaz de besarte en la frente mientras te alejas y decirte que no seguiré aquí cuando regreses. Decirte que es el fin. Decirte que ya no da para más, aunque desee que me abraces fuerte y permanezcas a mi lado.

Sigo adorandote desde lo más profundo, pero ya es hora de que ambos aprendamos a caminar nosotros solos. Has sido el centro del universo tanto tiempo que ahora todo se ha parado, y tengo el nudo más horroroso en la garganta, ése que llevo esperando tanto tiempo. Lo supe siempre: de tanto tirar acabamos rompiendo lo que había de hermoso entre nosotros. O quizá, solamente, nos hemos convertido en dos extraños que siguen aferrándose a un pasado increíble en común. Pero murió. Como mi corazón ha muerto esta misma tarde.

He dicho muchas veces estas palabras, y nunca he tenido la fuerza de apoyarlas, quizá ahora que sé que ya no me necesitas más, pueda empujarte a caminar sin mí aunque me duela. Preferíria tu odio a la indiferencia. Pero es mejor así, sin esfuerzo y lágrimas que te duelan.

Sólo quiero que sepas que si a alguien he amado es a tí. Sólo quiero que entiendas que jamás dejarás de ser él. Mi chico, mi niño, mi hombre, mi amigo, mi hermano, mi alama gemela, mi medio melocotón, mi adorable cachito de cueva, de vida, de amor. Lo primero hermoso y dulce de mi vida, plagado de amargores que lo potenciaron.

Ese amor que marca la diferencia. Quizá, demasiado pronto.

Jommy Nivek

Dicurso de Obama, Noruega, 2009

Sus Majestades, Sus Altezas Reales, distinguidos miembros del Comité Nóbel de Noruega, ciudadanos de Estados Unidos y ciudadanos del mundo:
Recibo este honor con profunda gratitud y gran humildad. Es un premio que habla sobre nuestras mayores aspiraciones: que a pesar de toda la crueldad y las adversidades de nuestro mundo, no somos simples prisioneros del destino. Nuestros actos tienen importancia y pueden cambiar el rumbo de la historia y llevarla por el camino de la justicia. Sin embargo, sería una negligencia no reconocer la considerable controversia que su generosa decisión ha generado. (Risas.) En parte, esto se debe a que estoy al inicio y no al final de mis labores en la escena mundial. En comparación con algunos de los gigantes de la historia que han recibido este premio –Schweitzer y King; Marshall y Mandela– mis logros son pequeños. Y luego hay hombres y mujeres alrededor del mundo que han sido encarcelados y golpeados en su búsqueda de la justicia; gente que trabaja en organizaciones humanitarias para aliviar el sufrimiento; millones en el anonimato cuyos silenciosos actos de valentía y compasión inspiran incluso a los cínicos más empedernidos. No puedo contradecir a quienes piensan que estos hombres y mujeres –algunos conocidos, otros desconocidos para todos excepto para quienes reciben su ayuda– merecen este honor muchísimo más que yo.

Pero quizá el asunto más controversial en torno a mi aceptación de este premio es el hecho de que soy Comandante en Jefe de un ejército de un país en medio de dos guerras. Una de esas guerras está llegando a su fin. La otra es un conflicto que Estados Unidos no buscó; uno en que se nos suman otros cuarenta y dos otros países –incluida Noruega– en un esfuerzo por defendernos y defender a todas las naciones de ataques futuros. De todos modos, estamos en guerra, y soy responsable por desplegar a miles de jóvenes a pelear en un país distante. Algunos matarán. A otros los matarán. Por lo tanto, vengo aquí con un agudo sentido del costo del conflicto armado, lleno de difíciles interrogantes sobre la relación entre la guerra y la paz, y nuestro esfuerzo por reemplazar una por la otra.

Bueno, estas interrogantes no son nuevas. La guerra, de una forma u otra, surgió con el primer hombre. En los albores de la historia, no se cuestionaba su moralidad; simplemente era un hecho, como la sequía o la enfermedad, la manera en que las tribus y luego las civilizaciones buscaban el poder y resolvían sus discrepancias. Y con el tiempo, a medida que los códigos legales procuraban controlar la violencia dentro de los grupos, los filósofos, clérigos y estadistas también procuraban controlar el poder destructivo de la guerra. Surgió el concepto de “guerra justa”, que proponía que la guerra solamente se justifica cuando cumple con ciertas condiciones previas: si se libra como último recurso o en defensa propia; si la fuerza utilizada es proporcional y, en la medida posible, si no se somete a civiles a la violencia.

Por supuesto, sabemos que durante gran parte de la historia, se ha cumplido pocas veces con este concepto de guerra justa. La capacidad de los seres humanos de idear nuevas maneras de matarse unos a los otros resultó ser inagotable, como también nuestra capacidad para tratar sin ninguna piedad a quienes no lucen como nosotros o le rinden culto a un Dios diferente. Las guerras entre ejércitos dieron lugar a guerras entre naciones: guerras totales en que la distinción entre combatiente y civil se volvía borrosa.

En el transcurso de treinta años, este continente se sumió dos veces en matanzas de ese tipo. Y aunque es difícil pensar en una causa más justa que la derrota del Tercer Reich y las potencias del Eje, la Segunda Guerra Mundial fue un conflicto en el que el número total de civiles que murieron superó al de soldados que perecieron. Como consecuencia de esa destrucción y con la llegada de la era nuclear, quedó claro para vencedores y vencidos, por igual, que el mundo necesitaba instituciones para evitar otra guerra mundial. Y, entonces, un cuarto de siglo después de que el Senado de Estados Unidos rechazara la Liga de Naciones, una idea por la cual Woodrow Wilson recibió este premio, Estados Unidos lideró al mundo en el desarrollo de una estructura para mantener la paz: un Plan Marshall y Naciones Unidas, mecanismos para regir la manera en la que se libran guerras, los tratados para proteger los derechos humanos, evitar el genocidio y restringir las armas más peligrosas. De muchas maneras, estos esfuerzos fueron exitosos. Sí, se han librado guerras terribles y se han cometido atrocidades. Pero no ha habido una Tercera Guerra Mundial. La Guerra Fría concluyó con una muchedumbre jubilosa que derrumbó un muro. El comercio tejió lazos entre gran parte del mundo. Miles de millones han salido de la pobreza. Los ideales de libertad, autonomía, igualdad y el imperio de la ley han avanzado a tropezones. Somos los herederos de la fortaleza y previsión de generaciones pasadas, y es un legado por el cual mi propio país legítimamente siente orgullo.

Pero aún asi, transcurrida una década del nuevo siglo, esta antigua estructura está cediendo ante el peso de nuevas amenazas. El mundo quizá ya no se estremezca ante la posibilidad de guerra entre dos superpotencias nucleares, pero la proliferación puede aumentar el peligro de catástrofes. El terrorismo no es una táctica nueva, pero la tecnología moderna permite que unos cuantos hombres insignificantes con enorme ira asesinen a inocentes a una escala horrorosa. Es más, las guerras entre naciones con mayor frecuencia han sido reemplazadas por guerras dentro de naciones. El resurgimiento de conflictos étnicos o sectarios; el aumento de movimientos secesionistas, las insurgencias y los estados fallidos – todas estas cosas progresivamente han atrapado a civiles en un caos interminable. En las guerras de hoy, mueren muchos más civiles que soldados; se siembran las semillas de conflictos futuros, las economías se destruyen; las sociedades civiles se parten en pedazos, se acumulan refugiados y los niños quedan marcados de por vida.

No traigo hoy una solución definitiva a los problemas de la guerra. Lo que sí sé es que hacerles frente a estos desafíos requerirá la misma visión, arduo esfuerzo y perseverancia de aquellos hombres y mujeres que actuaron tan audazmente hace varias décadas. Y requerirá que repensemos la noción de guerra justa y los imperativos de una paz justa.

Debemos comenzar por reconocer el difícil hecho de que no erradicaremos el conflicto violento en nuestra época. Habrá ocasiones en las que las naciones, actuando individual o conjuntamente, concluirán que el uso de la fuerza no sólo es necesario sino también justificado moralmente.

Hago esta afirmación consciente de lo que Martin Luther King dijo en esta misma ceremonia hace años: “La violencia nunca produce paz permanente. No resuelve los problemas sociales: simplemente crea problemas nuevos y más complicados”. Como alguien que está parado aquí como consecuencia directa de la labor a la que el Dr. King le dedicó la vida, soy prueba viviente de la fuerza moral de la no violencia. Sé que no hay nada débil, nada pasivo, nada ingenuo en las convicciones y vida de Gandhi y King.

Pero en mi calidad de jefe de Estado que juró proteger y defender a mi país, no me puede guiar solamente su ejemplo. Enfrento al mundo como lo es, y no puedo cruzarme de brazos ante amenazas contra estadounidenses. Que no quede la menor duda: la maldad sí existe en el mundo. Un movimiento no violento no podría haber detenido los ejércitos de Hitler. La negociación no puede convencer a los líderes de Al Qaida a deponer las armas. Decir que la fuerza es a veces necesaria no es un llamado al cinismo; es reconocer la historia, las imperfecciones del hombre y los límites de la razón.

Menciono este punto, comienzo con este punto porque en muchos países hoy en día hay un profundo cuestionamiento del accionar militar, independientemente de la causa. Y a veces, a esto se suma una suspicacia automática por tratarse de Estados Unidos, la única superpotencia militar del mundo.

Sin embargo el mundo debe recordar que no fueron simplemente las instituciones internacionales –no sólo los tratados y las declaraciones los que le dieron estabilidad al mundo después de la Segunda Guerra Mundial. Independientemente de los errores que hayamos cometido, hay un hecho clarísimo: Estados Unidos de Norteamérica ha ayudado a garantizar la seguridad mundial durante más de seis décadas con la sangre de nuestros ciudadanos y el poderío de nuestras armas. El servicio y sacrificio de nuestros hombres y mujeres de uniforme han promovido la paz y prosperidad desde Alemania hasta Corea, y permitido que la democracia eche raíces en lugares como los países balcánicos. Hemos sobrellevado esta carga no porque queremos imponer nuestra voluntad. Lo hemos hecho por un interés propio y bien informado: porque queremos un futuro mejor para nuestros hijos y nietos, y creemos que su vida será mejor si los hijos y nietos de otras personas pueden vivir en libertad y prosperidad.

Entonces, sí, los instrumentos de la guerra tienen un papel en mantener la paz. Sin embargo, este hecho debe coexistir con otro: que independientemente de cuán justificada, la guerra conlleva tragedia humana. La valentía y el sacrificio del soldado están llenos de gloria, expresan devoción por la patria, la causa y los compañeros de armas. Pero la propia guerra nunca es gloriosa, y nunca debemos exaltarla como si lo fuera.

Entonces, parte de nuestro desafío es reconciliar estos dos hechos aparentemente irreconciliables: que la guerra a veces es necesaria y que la guerra es, de cierta manera, una expresión de desatino humano. Concretamente, debemos dirigir nuestros esfuerzos a la tarea que el Presidente Kennedy propuso hace tiempo. “Concentrémonos”, dijo, “en una paz más práctica, más alcanzable, basada no en una revolución repentina de la naturaleza humana, sino una evolución gradual de las instituciones humanas”. Una evolución gradual de las instituciones humanas.

¿Qué apariencia cobraría esta evolución? ¿Cuáles podrían ser estas medidas prácticas?

Para comenzar, considero que todos los países, tanto fuertes como débiles, deben cumplir con estándares que rigen el uso de fuerza. Yo, como cualquier jefe de Estado, me reservo el derecho de actuar unilateralmente si es necesario para defender a mi país.

No obstante, estoy convencido de que cumplir con estándares, estándares internacionales, fortalece a quienes lo hacen y aísla –y debilita– a quienes no.

El mundo respaldó a Estados Unidos tras los ataques del 11 de septiembre y continúa apoyando nuestros esfuerzos en Afganistán, debido al horror de esos atentados sin sentido y el principio reconocido de defensa propia. De la misma manera, el mundo reconoció la necesidad de confrontar a Sadam Husein cuando invadió Kuwait, un consenso que envió un mensaje claro a todos sobre el precio de la agresión.

Es más, Estados Unidos -- de hecho ningún país -- puede insistir en que otros sigan las normas si nosotros nos rehusamos a seguirlas. Pues cuando no lo hacemos, nuestros actos pueden parecer arbitrarios y menoscabar la legitimidad de intervenciones futuras, por más justificadas que sean.

Esto pasa a ser particularmente importante cuando el propósito de la acción militar se extiende más allá de la defensa propia o la defensa de una nación contra un agresor. Más y más, todos enfrentamos difíciles interrogantes sobre cómo evitar la matanza de civiles por su propio gobierno o detener una guerra civil que puede sumir a toda una región en violencia y sufrimiento.

Creo que se puede justificar la fuerza por motivos humanitarios, como fue el caso en los países balcánicos o en otros lugares afectados por la guerra. La inacción carcome nuestra conciencia y puede resultar en una intervención posterior más costosa. Es por eso que todos los países responsables deben aceptar la noción de que las fuerzas armadas con un mandato claro pueden ejercer una función en el mantenimiento de la paz.

El compromiso de Estados Unidos con la seguridad mundial nunca flaqueará. Pero en un mundo en que las amenazas son más difusas y las misiones más complejas, Estados Unidos no puede actuar solo. Estados Unidos por su cuenta no puede lograr la paz. Ése es el caso en Afganistán. Es el caso en estados fallidos como Somalia, donde el terrorismo y la piratería van de la mano con la hambruna y el sufrimiento humano. Y lamentablemente, seguirá siendo la realidad en regiones inestables en el futuro.

Los líderes y soldados de los países de la OTAN –y otros amigos y aliados demuestran este hecho por medio de la habilidad y valentía que han mostrado en Afganistán. Pero en muchos países, hay una brecha entre los esfuerzos de los militares y la opinión ambivalente del público en general. Comprendo por qué la guerra no es popular. Pero también sé lo siguiente: la convicción de que la paz es deseable rara vez es suficiente para lograrla. La paz requiere responsabilidad. La paz conlleva sacrificio. Es por eso que la OTAN continúa siendo indispensable. Es por eso que debemos reforzar esfuerzos de mantenimiento de la paz a nivel regional y por la ONU, y no dejar la tarea en manos de unos cuantos países. Es por eso que les rendimos homenaje a quienes regresan a casa de misiones de mantenimiento de la paz y entrenamiento en el extranjero, en Oslo y Roma; Ottawa y Sydney; Dhaka y Kigali; los homenajeamos no como artífices de guerra sino como promotores, como promotores de la paz.

Permítanme un punto final sobre el uso de la fuerza. Incluso mientras tomamos decisiones difíciles sobre ir a guerra, también debemos pensar claramente sobre cómo librarla. El Comité del Nóbel reconoció este hecho al otorgar su primer premio de paz a Henry Dunant, el fundador de la Cruz Roja, y un promotor del Tratado de Ginebra.

Cuando la fuerza es necesaria, tenemos un interés moral y estratégico en obligarnos a cumplir con ciertas normas de conducta. Incluso cuando enfrentamos crueles adversarios que no cumplen con ninguna regla, creo que Estados Unidos de Norteamérica debe seguir dando el ejemplo respecto a estándares en conducta de guerra.
Eso es lo que nos diferencia de quienes combatimos. Ésa es la fuente de nuestra fuerza. Es por eso que prohibí la tortura. Es por eso que ordené que se clausure la prisión en la Bahía de Guantánamo. Y es por eso que he reiterado el compromiso de Estados Unidos de cumplir con el Tratado de Ginebra. Perdemos nuestra identidad cuando no cumplimos los ideales mismos que estamos luchando por defender.

Y honramos – honramos dichos ideales al cumplir con ellos no sólo cuando es fácil, sino cuando es difícil.

He hablado extensamente sobre asuntos que debemos sopesar con la razón y el corazón cuando optamos por librar guerra. Pero permítanme pasar ahora a nuestro esfuerzo por evitar opciones tan trágicas y hablar sobre tres maneras en que podemos promover una paz justa y duradera.

En primer lugar, al tratar con aquellos países que transgreden normas y leyes, creo que debemos desarrollar alternativas a la violencia que son suficientemente firmes como para cambiar la conducta, pues si queremos una paz duradera, entonces las palabras de la comunidad internacional deben tener peso. Se debe hacer que aquellos regímenes que van en contra de las normas rindan cuentas por sus actos. Las sanciones deben conllevar un escarmiento real. La intransigencia debe combatirse con mayor presión, y esa presión existe sólo cuando el mundo actúa al unísono.

Un ejemplo urgente es el esfuerzo por evitar la proliferación de armas nucleares y lograr un mundo sin ellas. A mediados del siglo pasado, las naciones acordaron regirse por un tratado con un objetivo claro: todos tendrán acceso a la energía nuclear pacífica; quienes no tienen armas nucleares deben renunciar a ellas, y quienes tienen armas nucleares deben procurar el desarme. Me he comprometido a plasmar este tratado. Es el eje de mi política exterior. Y estoy trabajando con el Presidente Medvedev para reducir las reservas de armas nucleares de Estados Unidos y Rusia.

Pero también nos incumbe a todos insistir en que países como Irán y Corea del Norte no jueguen con el sistema. Quienes afirman respetar las leyes internacionales no deben hacer caso omiso de cuando se incumplen dichas leyes. Quienes se interesan por su propia seguridad no pueden cerrar los ojos ante el peligro de una carrera armamentista en el Oriente Medio o el Extremo Oriente. Quienes procuran la paz no pueden permanecer cruzados de brazos mientras los países se arman para una guerra nuclear.

El mismo principio se aplica a quienes incumplen con las leyes internacionales al tratar brutalmente a su propio pueblo. Cuando hay genocidio en Darfur; violaciones sistemáticas en el Congo, o represión en Birmania, deben haber consecuencias. Sí, habrá acercamiento; sí, habrá diplomacia – pero tienen que haber consecuencias cuando esas cosas fallen. Y mientras más unidos estemos, menores las probabilidades de que nos veamos forzados a escoger entre la intervención armada y la complicidad con la opresión.

Esto me lleva al segundo punto: el tipo de paz que buscamos. Pues la paz no es simplemente la ausencia de un conflicto visible. Solamente una paz justa y basada en los derechos inherentes y la dignidad de todas las personas realmente puede ser perdurable.

Fue este entendimiento lo que motivó a quienes redactaron la Declaración Universal de los Derechos Humanos después de la Segunda Guerra Mundial. Tras la devastación, reconocieron que si no se protegen los derechos humanos, la paz es una promesa vana. Sin embargo, con demasiada frecuencia, se ignoran estas palabras. En algunos países, la excusa para no defender los derechos humanos es la falsa sugerencia de que éstos son principios occidentales, extraños a culturas locales o etapas de desarrollo de una nación. Y dentro de Estados Unidos, desde hace tiempo existe tensión entre quienes se describen como realistas o idealistas, una tensión que polariza las opciones: una mera lucha en defensa de nuestros intereses o una campaña interminable por imponer nuestros valores alrededor del mundo.

Rechazo estas opciones. Creo que la paz es inestable cuando se les niega a los ciudadanos el derecho a hablar libremente o practicar su religión como deseen; escoger
a sus propios líderes o congregarse sin temor. Los agravios que no se ventilan empeoran, y la supresión de identidad tribal y religiosa puede llevar a la violencia.

También sabemos que lo opuesto es cierto. Sólo cuando Europa obtuvo la libertad pudo finalmente encontrar la paz. Estados Unidos nunca ha librado una guerra contra una democracia, y nuestros amigos más cercanos son los gobiernos que protegen los derechos de sus ciudadanos. Independientemente de la frialdad con que se definan, no se satisfacen los intereses de Estados Unidos ni del mundo con la negación de las aspiraciones humanas.

Entonces, incluso mientras respetamos las culturas y tradiciones particulares de diferentes países, Estados Unidos siempre será una voz para las aspiraciones universales. Daremos testimonio de la silenciosa dignidad de reformistas como Aung Sang Suu Kyi; de la valentía de los zimbabuenses que emitieron sus votos a pesar de golpizas; de los cientos de miles que han marchado silenciosamente por las calles de Irán. Dice mucho el que los líderes de estos gobiernos les teman a las aspiraciones de sus propios pobladores más que al poder de cualquier otra nación. Y es la responsabilidad de todas las personas libres y los países libres dejarles en claro a estos movimientos que la esperanza y la historia están de su lado.

Permítanme decir esto también: la promoción de los derechos humanos no puede limitarse a la exhortación. A veces, debe ir acompañada de laboriosa diplomacia. Sé que el trato con regímenes represivos carece de la grata pureza de la indignación. Pero también sé que las sanciones sin esfuerzos de alcance –y la condena sin discusión– pueden mantener un status quo agobiante. Ningún régimen represivo puede ir por un nuevo sendero a no ser que tenga la opción de una puerta abierta.

En vista de los horrores de la Revolución Cultural, la reunión de Nixon con Mao parecía inexcusable, pero no hay duda de que ayudó a llevar a China por un camino en el cual millones de sus ciudadanos han podido salir de la pobreza y conectarse con sociedades abiertas. Los lazos del Papa Juan Pablo con Polonia creó un espacio no sólo para la Iglesia Católica sino también para líderes sindicales como Lech Walesa. Los esfuerzos de Ronald Reagan por el control de armas y la aceptación de la Perestroika no sólo mejoraron las relaciones con la Unión Soviética sino que les otorgó poder a disidentes en toda Europa Oriental. No existe una fórmula simple. Pero debemos tratar de hacer lo posible por mantener el equilibrio entre el ostracismo y la negociación; la presión y los incentivos, de manera que se promuevan los derechos humanos y la dignidad con el transcurso del tiempo.

En tercer lugar, una paz justa incluye no sólo derechos civiles y políticos, sino que debe abarcar la seguridad económica y las oportunidades, pues la paz verdadera no es solamente la falta de temor, sino también la falta de privaciones.

No hay duda de que el desarrollo rara vez echa raíces sin seguridad; también es cierto que la seguridad no existe cuando los seres humanos no tienen acceso a suficiente alimento, el agua potable o los medicamentos que necesitan para sobrevivir. No existe cuando los niños no pueden aspirar a una buena educación o un empleo decente que mantenga a una familia. La falta de esperanza puede corromper a una sociedad desde su interior.

Y es por eso que ayudar a los agricultores a alimentar a su propia gente, o a los países a educar a sus niños y a cuidar a los enfermos no es simplemente caridad. También es el motivo por el cual el mundo debe unirse para hacerle frente al cambio climático. Hay pocos científicos que no estén de acuerdo en que si no hacemos algo, enfrentaremos más sequías, hambruna y desplazamientos masivos que alimentarán más conflictos durante décadas. Por este motivo, no son sólo los científicos y activistas los que proponen medidas prontas y enérgicas; también lo hacen los líderes militares de mi país y otros que comprenden que nuestra seguridad común está en juego.

Acuerdos entre naciones. Instituciones sólidas. Apoyo a los derechos humanos. Inversiones en desarrollo. Todos éstos son ingredientes vitales para propiciar la evolución de la cual habló el Presidente Kennedy. Sin embargo, no creo que tendremos la voluntad, la determinación o la resistencia para concluir esta labor sin algo más: esto es, la expansión continua de nuestra imaginación moral; una insistencia en que hay algo intrínseco que todos compartimos.

Al reducirse el mundo, uno pensaría que iba a ser más fácil que los seres humanos reconozcamos lo similares que somos; que comprendamos que todos nosotros queremos básicamente lo mismo; que todos anhelamos la oportunidad de vivir con cierto grado de felicidad y satisfacción para nosotros y nuestra familia.

Sin embargo, dado el vertiginoso ritmo de la globalización y la homogenización cultural promovida por la modernidad, no debería sorprendernos que la gente tema perder lo que aprecia de su identidad particular: su raza, su tribu y quizá más que nada, su religión. En algunos lugares, este temor ha producido conflictos. A veces, incluso parecemos estar retrocediendo. Lo vemos en el Oriente Medio, donde el conflicto entre árabes y judíos parece estar agravándose. Lo vemos en los países donde las divisiones tribales causan estragos.

Y más peligroso aun, lo vemos en la manera en que se usa la religión para justificar el asesinato de inocentes por personas que han distorsionado y profanado la gran religión del Islam, y que atacaron a mi país desde Afganistán. Estos extremistas no son los primeros en matar en nombre de Dios; hay amplia constancia de las atrocidades de las Cruzadas. Pero nos recuerdan que ninguna Guerra Santa puede ser jamás una guerra justa, pues si uno realmente cree que cumple con la voluntad divina, entonces no hay necesidad de templanza, no hay necesidad de perdonarle la vida a una madre embarazada o a un asistente médico, o trabajador de la Cruz Roja, ni siquiera a una persona de la misma religión.

Una perspectiva tan distorsionada de la religión no sólo es incompatible con el concepto de la paz, sino también creo que es incompatible con el propósito de la fe, pues la regla de vital importancia en todas las principales religiones es tratar a los demás como te gustaría que te traten a ti.

Cumplir con esta ley de amor siempre ha sido el foco en la lucha de la naturaleza humana. No somos infalibles. Cometemos errores y caemos presa de las tentaciones del orgullo y el poder, y a veces la maldad. Incluso aquellos de nosotros con las mejores intenciones a veces dejamos de rectificar los errores ante nosotros.

Pero no tenemos que pensar que la naturaleza humana es perfecta para continuar creyendo que se puede perfeccionar la condición humana. No tenemos que vivir en un mundo idealizado para seguir aspirando a los ideales que lo harían un lugar mejor. La no violencia que practicaban hombres como Gandhi y King quizá no sea práctica o posible en todas las circunstancias, pero el amor que predicaron, su fe en el progreso humano, siempre debe ser la estrella que nos guíe en nuestra travesía. Pues si perdemos esa fe, si la descartamos como tonta o ingenua, si existe un divorcio entre ésta y las decisiones que tomamos sobre asuntos de guerra y paz… entonces perdemos lo mejor de nuestra humanidad. Perdemos nuestro sentido de lo que se puede lograr. Perdemos nuestro compás moral.

Al igual que las generaciones anteriores a la nuestra, debemos rechazar ese futuro.

Como dijo el Dr. King en una ceremonia similar hace tantos años, “Me rehúso a aceptar la desesperanza como la respuesta final a la ambigüedad de la historia. Me rehúso a aceptar la idea de que la realidad actual de la naturaleza humana haga que el hombre sea moralmente incapaz de alcanzar las aspiraciones eternas que siempre enfrenta”. Aspiremos al mundo que debería existir: esa chispa de divinidad que aún llevamos como inspiración en el alma.

Hoy en algún lugar, en estos precisos momentos, en el mundo como lo es, un soldado ve que alguien lo sobrepasa en potencia de fuego pero permanece firme para mantener la paz. Hoy en algún lugar de este mundo, una joven manifestante aguarda la brutalidad de
su gobierno, pero tiene la valentía de seguir marchando. Hoy en algún lugar, una madre enfrenta una pobreza devastadora pero de todos modos se da tiempo para enseñarle a su hijo, junta las pocas monedas que tiene para enviar a ese niño a la escuela porque cree que un mundo cruel todavía puede dar cabida a sus sueños.

Vivamos siguiendo su ejemplo. Podemos reconocer que la opresión siempre estará entre nosotros y aun así, esforzarnos por lograr la justicia. Podemos admitir la inflexibilidad de la depravación y aun así, esforzarnos por lograr la dignidad. De ojos abiertos, podemos comprender que habrá guerras y aun así, esforzarnos por lograr la paz.
Podemos hacerlo, pues ésa es la historia del progreso humano; ésa es la esperanza de todo el mundo, y en este momento de desafíos, ésa debe ser nuestra labor aquí en la Tierra.

Muchas gracias.

Discurso de Obama en la entrega del Premio Nobel de la Paz

Tui Higgins sang it


Ya no quedan mariposas, pero los sentimientos fluyen como la corriente electrica, y tu voz, tus manos, tus ojos, activan mi piel, la queman de placer y de ternura. Adoraría empezar y acabar cada semana de este modo, escuchando jazz en un rincón del Café central, como si todo hubiera sido una profecía en aquel entonces; como si de otro modo pudiera por fin tener algo que cuidar, algo que me proteja, alguien que quiera disfrutar de este alma vieja, alguien de quien aprender a sacar del interior a esa niña que encerré, y dejarla crecer sola.
O contigo.
Contigo que me sonrojas, me emborrachas, me envenenas.
Y al besarme no eres nada, y eres yo, y es fácil.
Es natural.
Es dulce.
Somos nosotros, musaka, jazz, pelis, vestidos, jack daniels, viajes al espacio, cinturones, best of you, aquí, ahora, mortalmente sincera. Para tí
Porque te quiero

Jommy Nivek

jueves, diciembre 10, 2009

Two faced


Siempre podemos ver el mundo desde otro prisma y descubrir lo equivocados que llegamos a estar. Siempre hay algo en la misma vivencia que matiza la lección por aprender, y a la larga, seguir equivocándose y aprendiendo, no sé si sirve de algo, pero lo que es lógico es que si sirviera de algo a mí me serviría todo este lastre, y no me pesaría acarrearlo. Llevo esta mochila extraña que confundes con la calma, las manos, las ojeras, las ganas, y que es lo que sé, las pequeñas cosas que voy averiguando a base de caer y levantar. Y la verdad es que me sienta bien pelear, hace juego con mis ojos, mi boca, mi pelo; hace juego con la forma que tengo de decir te quiero. Y por supuesto, cada día que pasa una nueva Yo amanece, y Yo ya no soy Yo, y crece esa nueva personalidad hasta que apago el sol y duermo, Y se queda dentro de mí para contarme cosas, y recordarme ese día que obtuvo, ese momento, guiarme por situaciones parecidas, o perderme aún más en logerítmos existenciales que no entiendo.
He oído que son proteínas los recuerdos, yo creo que son fisuras y cicatrices, que como del braille, se leen con una sensibilidad que se entrena con los años, y de su lectura nacen nuevas conclusiones, nuevos recuerdos y experiencias, nuevas aventuras, nuevos detalles.
He oído algo sobre Copérnico y las versiones, sobre la copia, la filosofía, la demanda, el yo. Y al final lo único que obtengo es una conclusión incompleta, un puzzle que sólo al morir se termina de construir, llenando las mitades de este rostro que no tolera la falsedad y sus maldades. Este rostro con tantas personalidades que se empeña en saber la verdad, cuando, qué es la verdad si todo tiene más de un color, una cara, una realidad, un punto de vista?

"Por mucho que insistas una y otra vez en ello, por mucho que a través de la desnudez de tus acciones sea capaz de ver que eres desagradablemente vulnerable, y que todo lo que muestras en tu airosa indignación es muestra de insignificancia inmadura, de envidia, no voy a recuperar antiguas batallas, y mi cara de chica dura, ya no se llevan muñeca." From Liva to Ginkygs for ever. No podrán contigo guapa ^^

Jommy Nivek
Esta no es mi historia, nada salvo la vida real da historias tan fascinantes.
Me encanta la voz del narrador, que acentazo más chévere. Viva Colombia ^^

Es la cosa más cruda, chévere, realista, dura, divertida, loca y peculiar del mundo. Y ocurre de verdad, en ese país que nosotros colonizamos y explotamos hasta más no poder, ese país que dejamos pobre y desorganizado, y que hoy nos atrevemos a llamar el Tercer Mundo. Pues oigan, en el Tercer Mundo, hay gente inteligente de corazón que persigue sus sueños aunque deba matarse contra el piso por ellos

Mi escafandra

Y no sé, seré un marciano que ha perdido la nave y pasea con su traje espacial entre los demás, porque no puedo entender el mundo, y a veces no quiero saber nada de él. Y es cuando conecto el mp3, la imaginación, la inventiva, el cinismo; y vivo de puertas para dentro días completamente distintos. No llego a saber ni a averiguar nada de nadie, me pierdo en una maraña y es como si la comunicación entre quien quiera que sea el tú y quien quiera que sea el yo, se pierde. Y es cuando conversaciones en inglés sin nombre, sin voz, ni sentido, empiezan a ensamblarse en mi cabeza y de ellas nacen recuerdos soñados, canciones, besos imaginarios; y echo de menos poder compartir ese lío. Poder escapar de él saltando alambradas extrañas, enganchando escaleras a la luna, bailando sobre nieve derretida, soñando dibujar nuestros propios caminos entre las estrellas. Echo de menos compañía para dejar mi aislamiento y sentir calor en las yemas de los dedos, y sentir que mi voz hace estremecer a alguien de placer o alegría. Y sentir que las pisadas en la arena que llegaron hasta aquí han huído para guiarme a una nueva playa. Como una autopista que empieza y termina en mi misma, como una rueda que no puede escapar de su giro; esos días que me encasqueto la escafandra y soy físicamente incapaz de escapar.



Jommy Nivek

martes, diciembre 01, 2009

Mi pobre corazón

Se me han olvidado todas las lecciones que la vida me ha regalado en forma de moratones



Creí que olvidarlas era la mejor manera de conseguir amar de cero. Creía que si desconfiaba sería menos, y que la experiencia sólo serviría si hubiera podido rebobinar. Pero eran malinterpretadas mis palabras por mi misma, y las cosas nunca salieron como se espera. Y al final de un camino tortuoso, tengo que reconocer, que no en todo estaba equivocada.
Sabía que volverían a joderme y que me recuperaría, sabía que luchar es un destino, y que con el tiempo, las lágrimas resbalando en silencio, oxidarían este corazón chapado a la antigua.

Jommy Nivek

My own unappropiated history of cold


Llevo tanto tiempo escuchando esto, eh? Llevo tanto tiempo escondiéndome en las palabras de otros. Y cuando creo que he salido a gritar, que ya no pueden hacerme daño aunque lo intenten, sólo descubro que sigo siendo esa tía desconfiada y asustadiza que parece demasiado segura de si misma para equivocarse jamás. Y realmente, no puedo arrepentirme de error alguno, mi vida es la que ha sido, y si he cambiado en algo el paso del tiempo, si con mi esfuerzo he apoyado un movimiento histórico a mejor, podré sentirme orgullosa. Ya me siento orgullosa de quién he llegado a ser, y no es por deferencia que creo que no pude haberlo hecho mejor...
Me voy a levantar de esta cama en la que me dejaste perdida, y no sé qué haré de distinto que no sea amarte en este instante, que no sea tocarte como si por fin pudiera alcanzarte, que no sea enamorarme a pasitos de hormiguita. Quiero levantarme y ser consciente de esta vida. Ojalá te levantarás a mi lado para cambiar estas vidas que han sido demasiado oscuras...
Sígueme a un país donde no puedan encontrarnos, sígueme a un lugar donde mis ojos se cieguen en los tuyos, y la música este siempre abrazándonos, dónde pueda mostrarte que mi historia se escribe entre besos y espadazos, entre tropezarse y volar muy alto.
Puede que seea inverosímil, que hayamos decidido seguir intentando; puede que sea demasiado complicado, pero la madeja de mis días puede soportarlo. Puede que aún no aprecie ni sepa cómo hemos llegado a dónde estamos, cómo conseguí ayer este espacio, o cómo he dejado de comerme con los ojos rostros extraños para verte a tí y decidir que merece la pena esforzarse por esto que es tan mágico, para arreglarlo con polvo de hadas

Jommy Nivek