viernes, enero 30, 2009

Es una margarita

Es una margarita. Todo el mundo cree que las margaritas son vulgares, flores inútiles que quedaron para los románticos viejos y los jardines abandonados. Yo, sin embargo, cuando la encontré allí, descansando plácidamente como una pequeña ninfa, dormida sobre el regazo de la naturaleza; sentí en un instante cómo pudo entregarme, sencillamente, más de lo que nadie me ha entregado jamás. La acogí con todo el amor que me cabía en estas manos cansadas. La saqué a bailar por esta calle oscura, fría; y el sol, colándose entre las nubes, iluminó cada pétalo blanco y húmedo. Sonreí con amargura. No había nada más expresivo en el mundo que el aire meciendo aquella flor, aquella vulgar y preciosa deidad, aquel sueño que, perdido entre mis dedos, me impulsaba a quererla con una paz interior, un amor desinteresado y limpio. El tipo de amor que llevaba años sin asomar la cabeza. El tipo de amor que la mayoría no llega a sentir en toda su existencia. Puede que debiera deshojarla como se suele hacer con las margaritas, preguntándole entre susurros si algún día tendré esa ilusión, ese sueño que me ha adormecido con placer por años. Pero preferí acompañarla en sus últimos días, hasta que como todas las cosas, me abandonó llorando.

miércoles, enero 28, 2009

COPOS

Han dejado de caer copos en la ciudad, mi mirada ya no se encuentra con luces hermosas que brillan desde lejos para guiarme a través de las calles. Estoy sola. Pero he encontrado tu mirada anhelando la nieve a mi lado, y me he agarrado a ella con ternura para caminar juntos, y ha comenzado a nevar de nuevo. Puedo ver los copos inundando tu cielo estrellado, llenando tu pelo de blanco incolúmne, desfigurando este mungo gris y feo. Digo: ha sido hermoso.
Dejaron de caer copos en diciembre, pero caen de nuevo en enero para mi, y te extraño. Con tu amor al frío, tu mano caliente, tu café. Sigo buscándo copos. Tu me caíste del cielo como ellos y no se porqué.

Podría aprender a amarte, a ser tuya y no ser de nadie, a cabalgar entre dos caballos azules de noche y blancos de ti. Pero si no supiera, ¿qué haríamos para perdonarme el dolor? ¿Tirarnos fuego o nieve? ¿Jugar a uno o ser dos? Esta ciudad es interminable, nunca encuentra mis pasos a ti. Tengo miedo de rechazarte por no saber ser contigo y que tu no sepas dejarme ser sin ti.