miércoles, noviembre 11, 2009

Manifiéstate corazón

Hay días que no tengo la cabeza sobre los hombros, sino en otro lugar muy lejano, y me cuesta entender todo, voy un paso por detrás del resto de mi cuerpo y noto como tardo en entender y actuar. Camino 100 metros y han sido 300. Por alguna incomprensible excusa, pienso en tí y no lo hago; sólo quiero que se acabe el torbellino de ideas que me agota la mente. Mis ojos han volado para tocar otro ser y sé que es por algo, no pienso solo en tí y debo entender desde cuándo. Y me duele, me molesta, es una espina entre las costillas que jode al respirar, que jode cuando me abrazas, que se hunde si escucho tu voz decirme bella. Todo debería ser tan sencillo como sentarse en la hierba a fumar a tu lado y mirar las nubes pasar cambiando de color. Pero quizá para eso debería ser otra y entonces, ¿por qué me querrías a mí? Me gustaría tener la sensación de que sé a dónde voy y cuál es el camino correcto para alcanzar lo que quiero, pero hay instantes en los que paro la cuenta atrás y me sorprendo con la misma pregunta: ¿qué demonios es lo que quiero? Puede que con tanto urgar en mi interior para arreglarme haya desconectado los cables que unían el cerebro al corazón, y ahora éste no es capaz de manifestarse. Así que cuando mi cuerpo acude a tí, lo interpreto como amor, quizá, y si acude a otro como deseo; y creo que acierto, pero, ¿habré cambiado tanto mi cuerpo que ahora sea posible que convivan esos dos sentimientos? Para mí siempre existió una única sensación y sé que así es. Si amo y deseo será a la misma persona y sólo cuando esto no funcione desearé a alguien más. Y así es como mi cuerpo es capaz de dar siempre el 100% de sí mismo para cada cosa, y sin resentirse. Ése es mi secreto. Ésa era mi ley, y no la seguí por principios sino porque nunca sentí lo contrario. Y ahora, ¿qué pasa que no es así? Preguntas y filosofía de baratillo a las tres en punto con la comida en la boca, masticando lentamente, y los latidos de mi corazón extraídos sin orden ni concierto de esta caja vacía.
Mientras te oigo, siento que desearía tenerte más cerca aún. Y al escuchar otros labios desearía besarlos. Cuando acaricias mi pelo quiero quedarme ahí a pasar los días. Cuando otros brazos me tocan los arrancaría para mí. ¿Y con qué sentido? ¿Cuál de los dos es el sentimiento vano que debo descartar, y por cuál debo pelear? Quizá no entiendo la diferencia ahora mismo de ambos, quizá deba convivir con ellos de momento, no luchar y dejar que todo fluya eh?
Prometo ser sincera siempre, pero, quizá eso no te guste.

Jommy Nivek