miércoles, noviembre 04, 2009

La banda sonora de la mejor alucinación de mi vida



Caminaba descalza sobre la arena suave que se deslizaba en el aire nocturno, con su vestido claro inchándose, el pelo iluminado de luna. Y como surgida de encanto apareció la hoguera en mitad de aquella cala desierta, y a su alrededor fueron surgiendo todas las personas que habían compartido la vida con ella. Y la abrazaron con dulzura, y la invitaron a un trago de lluvia de estrellas, y el trago se le subió a la cabeza y comenzó a bailar sin demora, flotando entre notas de música y color. Y pasaron todos los minutos que se convierten en horas, y la bacanal que siempre había esperado entre sus párpados inchados de desengaño, de pronto era real; y besaba miles de labios, y saboreaba miles de idiomas, y gustaba de amar muchos brazos y atravesaba muchas escenas de felicidad y embriaguez. Era dueña de la noche, era esclava de un día sin sol, acurrucándose al calor de la hoguera, sudando bajo su propia piel brillante. Fumando, exhalando días, exhalando quejas. Dejando que su máscara cayese, que su jaula se esfumase, que la princesa descendiera la torre y matase al dragón. Y mientras la guitarra de fondo marcaba compases más allá del oído humano, y cuando su piel se desprendía de los huesos para volar, y cuando las pupilas dilatadas de hachis y alcohol enfocaban de nuevo, cuando sus caderas hipnotizaban a toda velocidad, cuando por fin se amaba; metió su cuerpo de sal de azufre en el mar, avanzó hacia lo profundo del océano y se dejó ahogarse solo para despertar y descubrir que había viajado a otro mundo sin moverse del sofá, escuchando a Oldfield. Y que por un momento en aquel lugar, no tuvo que sonreir a medias, ni ser personas distintas para los que llegaron antes de la que cambió para sonreirle a la vida y a la muerte.

Jommy Nivek