domingo, septiembre 13, 2009

PRIMER AVANCE: Al final de la conciencia

“Si al final de una larga jornada no encontraras un sofá, un trozo de tierra donde tirarte y respirar, o al menos intentarlo, ¿qué harías? Para mí, la vida es un conjunto de días que no puedo diferenciar, y muchos minutos de agotamiento.”

La fotografía llevaba dos años colgada en el pasillo, yo salía con la cabeza ladeada, un sombrero bailando sobre mi pelo despeinado. En blanco y negro. Al fondo se veía la playa. Hoy he encontrado el marco roto y la imagen cubierta de diminutos cristales, en el suelo del pasillo. Mientras manchaba el piso de sangre he recogido todo y lo he tirado al fregadero. Después he pasado 20 minutos mirando la foto a través de la película de esquirlas y gotas de sangre, llenándome la mano de tiritas, sin saber qué hacer. Me he preparado un café, me he vestido a medias, he bajado a comprar, el periódico, tabaco.
Al entrar en la cocina me he encontrado con mis ojos inquietos desde el fregadero. Una vez más el mismo ciclo de aprender para olvidar. Descanso la cabeza entre las manos, enciendo un cigarro y lo observo consumirse riéndose de mí. ¿Es esto real? Miro la sangre sin limpiar de la encimera, debe serlo. ¿Cuándo me he convertido en lo que soy?

Soy Jommy Nivek.

Nací en Londres, cerca del Támesis. Pero no puedo recordar con precisión nada salvo Hyde Park. El cielo de los escasos días de sol, lleno de nubes que viajaban deprisa, blancas y enormes. Después Madrid, donde mi nombre, mi rostro y mi vida, nunca encajaron. Así que no puedo decir que tenga un lugar en el mundo al que llamar hogar. En el fondo creo que soy de esa clase de personas, que vayan donde vayan, o por mucho que lo intenten, jamás consiguen adaptarse.
Mi infancia es un testigo perfecto de esa situación. No es que me costara aprender el idioma, en realidad el español es mi idioma materno, por lo que al llegar con 5 años lo hablaba exactamente igual que cualquier otro niño. El único motivo que encuentro para sentirme siempre más desplazada lo sitúo muchos años después. Cuando fui dejando las muñecas por otro tipo de entretenimientos. Cuando de la noche a la mañana mi mundo se vino abajo y tuve que escapar, convertirme en alguien que no era y sobrevivir. Pero eso ya no tiene importancia.
En el momento preciso en que lo conocí, estaba curada de todos esos errores que cometemos entre la infancia y la juventud (odio profundamente la palabra que lo designa), o al menos así lo pensaba. Me sentía viva y feliz por vez primera en mucho tiempo, como si hubiese soltado una carga gigantesca, o de pronto pudiese respirar sin dificultad.
Cuando lo conocí, creí que no quedaban más baches en mi vida por saltar. Pero siempre quedan, ¿no? Me lo presentaron a la salida de un concierto unos amigos, su aspecto me imponía respeto. Me llamó princesita de papa desde el primer momento, y tardó mucho en dejar de decirlo.


Esperábamos ansiosos a que el concierto empezara; era una de esas bandas de metal un tanto desconocidas, que mis amigos de por aquel entonces seguían. Yo no era demasiado aficionada a esa música en concreto. Siempre preferí el estilo de Clapton o Johnny Cash, pero los conciertos en sí son una experiencia vital, así que iba.
-¿A qué hora empieza? –grité a uno de los que se encontraban cerca de mí.
-Hace veinte minutos. –contestó sonriendo Sebas desde detrás de mí. Siempre conseguía asustarme de ese modo, apareciendo para responderme, o para comentar precisamente aquello a lo que yo estuviera dándole vueltas en silencio y asustarme.
Sebas era el típico guapo alternativo. Muy delgado, sonrisa perfectamente blanca, camisetas cortas, pantalones cagados, rebelde, inteligente, rubio… Todas esas cosas que me aburrían. Se inclinó para preguntarme algo al oído, aunque no había ninguna necesidad, el jaleo era soportable aún.
-¿Quieres algo de beber?
-Si, ok. –dije separándome sin ser brusca.
-Traeré unas cervezas. Espérame aquí.
“No sé muy bien a qué viene eso. Ni que fuera a escapar. Además, ¿a dónde iba a ir?” pensé. En cierto modo la forma de tratarme de Sebas me ponía nerviosa. Era el novio de una prima mía, y en teoría simplemente trataba de ser simpático conmigo y hacer que me integrara en su grupo de amigos, pero su forma de actuar tan atenta sólo me hacía sentir incómoda.
Según volvió las luces se apagaron y el grupo salió a tocar, venía acompañado de dos chicas y un tipo algo más mayor con gorra. Amigos del instituto. Pero no me fije en ellos. Siempre que la música suena a mi alrededor mis ojos difuminan el espacio que me rodea, y parece que sólo pueda concentrarme en las notas, en saltar y moverme, en susurrar las letras.

Me pitaban tanto los oídos que me senté sola a fumar en la acera. Todos hablaban de lo increíble que había estado la banda, mientras esperaban a un par que habían ido al baño. Mi prima nunca venía a estas cosas. Decía que los conciertos eran una basura, con la música demasiado alta reverberando en la sala viciada. No sé si tenía razón, pero desde luego su forma de ver el mundo era tan radicalmente opuesta a la de Sebas que me preguntaba de qué podrían hablar a solas. Mejor no imaginarlo.
-Jommy.
Sebas me gritaba desde el otro lado de la calle. Tenía la manera de gritar de cuando en cuando. Y el resultado era obvio. Todo el mundo se giraba hacia mí esperando encontrar alguna tía despampanante, porque en mi opinión mi nombre es demasiado exótico para mí. Y no, sólo encuentran a una chica bajita, algo esmirriada, con los ojos hundidos y el pelo negro, largo y ensortijado.
Me acerqué limpiándome los vaqueros.
-Mira Jommy, este es un antiguo colega mío. Vince. Vince, esta es la prima de mi novia, Jommy.
“Vince”, pensé aturdida aún por la sordera post concierto. Me identifiqué con él, un chico con un nombre extraño. Pero cuando le miré directamente, a diferencia de mí, el nombre le iba perfecto. Como si fuera una estrella brillando delante. La clase de persona por la que te giras al caminar por una calle.
-Encantada. –murmuré, más por educación que por otra cosa.
-Vaya, -comentó sonriéndose-, con que tu primita es una princesa de papa. ¿Eres una de esas princesitas rebeldes?
SHOCK. No sé si en ese momento no podía responder, o no quería responder, pero cada una de sus palabras se me clavó en el pecho y sentí que no podría respirar más. Le miré con odio, pero en el fondo estaba tan fascinada por su aspecto, por el tono ronco y dulce de su voz, por la sonrisa torcida; que no pude volverme y largarme, haciendo una salida magistral. Algo me mantenía clavada al suelo.
-No te pases Vince. –rió Sebas mientras colocaba un brazo sobre mis hombros-. En realidad puede que se parezca a una pequeña princesa rebelde ahora que lo dices. –todos comenzaron a reír mientras algo en mi interior ardía y el brazo de Sebas empezaba a disgustarme profundamente-. Pero conociéndola, lo dudo.
Me aparté despacio de Sebas. Tratando de no mirar al jodido Vince a los ojos y estallar, “maldito gilipollas”. Pero cuando me giraba para largarme algo cogió mi mano.
-No te vayas. –dijo tras sus gafas de sol, totalmente fuera de lugar a las doce de la madrugada, sujetando mi mano con firmeza, dentro de la suya, áspera y cálida-. Sólo bromeábamos. Y aún así, -acercó su cara a la mía. Debía ser un efecto estudiado para cortarme la respiración, sin dejar de percibir un olor increíble desprendiéndose de su boca, algo entre vainilla, tabaco, cerveza y menta-, quédate. Siempre he querido conocer a alguien de la realeza.
-Que te den. –me solté con fuerza pero no pude moverme. Atada completamente a cinco centímetros de su boca.
-Empieza. –y se giró, mientras todos reían. Incluso a mí me pareció gracioso.

Todos comenzaron a andar. Íbamos a otro garito. Permanecí detrás sin hablar demasiado, puede que como siempre. Miraba al suelo y pensaba en el extraño Vince y su estúpida frase, sin darme cuenta de que me había sonrojado como una idiota.
Le miré mientras caminaba por delante de mí.

Era alto, y el único adjetivo con el que puedo calificarle al recordarlo, es hermoso. Tenía los ojos verdes y profundos, y siempre entornados, como si la luz le molestase incluso en la noche. El pelo castaño le caía por todas partes enmarañado en una extraña melenita suave y brillante. A cualquier hora del día, y casi en cualquier estación del año, su aspecto era muy parecido. Vaqueros destrozados, camisetas descoloridas, oscuras y en su mayor parte rotas, dos cinturones, una cadena de plata con distintos emblemas colgando, gafas de sol negras, dos pendientes en la oreja derecha y dos piercing en le labio inferior, junto a la comisura izquierda, un tatuaje en el brazo, un anillo en el pulgar izquierdo y otro en el anular derecho; botas oscuras (en verano sandalias quizá, o deportivas del tipo converse), una chupa de cuero desgastada y un libro doblado, a punto de desintegrarse, en el bolsillo trasero del pantalón. Fumaba Lucky strike, a mi me daba asco solo de pensar en fumar lo mismo. Pero cuando el humo se fundía con su olor, reconocía que ningún otro cigarro le habría sentado mejor.


Jommy Nivek

1 comentario:

MoOn!! dijo...

Solo tengo un adjetivo para calificarlo... Genial... simplemente me encanta lo que escribes =D