miércoles, septiembre 02, 2009

La mejor amiga que podría pedir se llama Laura



Ahora que no estoy borracha ni te echo de menos, ahora que las barreras no importan, y tenemos vidas alternativas que nos impiden vernos más pero nos dan historias que contarnos, quiero mostrar un recoveco de mi corazón que igual no te alcanza, porque siempre soy demasiado cerrada.

Al conocerte eras otra, y me tomé, una tarde de lágrimas y sol, la libertad de convertirme en tu mamá. He cuidado de tí. He ido poco a poco transformándote y transformándome a mí misma. Te he contado todo lo que podía contarte. He dejado que entraras en mi mundo más que nadie que conozca. Ahora me siento orgullosa de haberlo hecho. De haberte permitido hacerme daño alguna vez, de habernos permitido pelear y reconciliarnos, porque, sin duda, eres la mejor amiga que podría pedir y estoy orgullosa de tí, de nosotras.
Ya somos mayores, siempre buscamos emociones pasadas y la calma tras la tormenta. Nos vemos volar en el paraíso y hundirnos en barro hasta las rodillas. De algún modo es la misma cosa que nos alimenta. No podemos vivir sin pesadillas y sueños, parece que de algún modo la irrealidad nos hace estar vivas. Y si alguien me pregunta: soy feliz como soy, y no puedo pedir otras cosas que no sean las que he logrado yo misma.
Te he echado de menos estos meses, cuando, de noche, al final de un monton de paranoias, no encontraba a quién decirle: qué hago? Aunque en el fondo yo ya lo sepa. No tenía con quién reirme o saltar de alegría por tonterías. Y los saludos a la luna me parecían aislados y escasos.
Ahora somos mayores, no nos necesitamos, pero nos hacemos compañía cuando la vida aprieta y ahoga, cuando el dolor sangra o el corazón late rápido. Cuando nos sentimos esclavas, heridas o somnolientas.
Si fueras una plantita serías mía. Y yo podría habitar como tortuga en tu jardín.
Ahora somos mayores, pero seguimos siendo distintas, y aunque encajemos en un lugar siempre se nos hace raro. Siempre pertenecemos a un universo alternativo sin normas, lleno de hierba, mar y sol. Donde la melancolía y el alcohol son primos hermanos y no se evitan ni si atraen, se complementan de vez en cuando, porque siempre hay peros a los síes y a los noes.

Ahora que somos mayores ya no me siento tu mamá, pero sigues siendo mi niña. Ahora sigues sin ser perfecta. Ahora sigues cometiendo errores. A veces sigues haciendome daños irreparables. Pero aún sigo diciendo lo que dije entonces, después de Italia, cuando todo parecía negro y te hice sufrir: Lauky es la mejor amiga que podría pedir alguien como yo, en un mundo como este.

Algún día veremos juntas como atardece un otoño en Nueva York. Seremos más mayores, pero igual de niñas. Algún día cambiaremos el mundo, pero seguiremos siendo las de siempre.

Jommy Nivek