martes, agosto 18, 2009

Decirte adiós superkinki

Lo mejor para escribirlo era esperar a que te fueras… esperar que la distancia deshiciese el nudo en la garganta que se me atravesaba de cristales nada más verte aparecer. Esta es mi carta a tu nombre. Ya no queda amor.

Las típicas despedidas que tuvimos siempre fueron diferentes, te abrazaba tantas veces que me ahogaba y mis labios no se separaban de tu piel. Sentía los meses que no te vería, las palabras que se me quedarían cortas por la red, los mensajes que pondrían un te quiero chiquitito que no se corresponde; acabarían por estropearnos, y detestaba la sensación. Muchas veces pensé que quizá llegara un fin, que un día sería el último que pudiese olerte de cerca y acariciar tus orejas, o mirar al infinito sentada a tu lado. Esta despedida no fue ni podía ser así. Me ha bastado sentir tu cara cerca dos segundos para saber que ya no puedo más. Me ha valido notar como me acercabas disimuladamente en un abrazo que ya no tenía sentido. He tenido varios meses para prepararme, y aunque no lo crea ni yo, aún es un shock.
A lo largo de este año mil cosas ajenas a nosotros me han ocurrido, y he sabido mantener la cabeza alta, como tú siempre dijiste, y fría, como siempre me dije yo. Pero contigo no sé actuar. Me dijiste tantas veces que no lo hiciera… Puede que últimamente ser yo misma empeore las circunstancias, pero fingiendo todo habría sido peor. Y he sido yo misma para ti, a pesar de la distancia y las diferencias, a pesar de meter la pata tantas veces, tan al fondo que no sabía si salir. Y al hacerlo y tener tu sonrisa, siempre, me sentí la persona más afortunada del mundo; eras mi chuloputas, qué se le va a hacer, y contigo he sonreído sin stops al corazón. Ahora me siento desgraciada porque lo he perdido.
Recuerdo la noche que te me grabaste a fuego en el alma, sé que tú no sientes las cosas como yo y que siempre soy rara, pero aquella noche… Te abrí una parte de mí horrible, aquella que deberías haber echado de tu vida sin pensártelo dos veces, porque nunca me sentí tan rastrera como después de traicionarte a ti y que me perdonaras. Lo lógico es que con tu carácter fuerte y tus maneras me hubieses odiado. He intentado comprender muchas veces porqué cometí un error tan grande, porqué no pude permanecer a tu lado sin sentir otra voz llamándome, y aún peor, a mi escuchando. Y no entenderé cómo puede ser que ocultes con nerviosismo y falsas apariencias la parte más dulce de ti. La magia desapareció de golpe ese día, pero aún me querías incomprensiblemente. Y sin actuaciones en absoluto, sintiendo que nunca en la vida me había equivocado tanto, lloré mientras me sostenías la mano y me perdonabas.
Como puedes observar, jamás te olvidaré.

Te he visto cambiar incrédula, no podía entenderlo y seguiré sin hacerlo porque tus motivos no forman parte de mí. No me he equivocado desde aquel día, no te he mentido nunca más, este año he intentado de mil y una maneras acercarme y me he cansado. Es posiblemente un error tonto, una cosa que no puedes cambiar, y yo debería tragármelo. Lo siento porque no puedo, porque duele tan adentro que se acerca a un odio que jamás he sentido y no quiero empezar por ti.
En algún lugar he escuchado “esto se acaba” y he entendido que tiene que ser así.

Puedo enumerar mil razones para no volver a hablarte, y sé que en el fondo no lo haré, pero hoy te digo adiós sin más


Jommy Nivek

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