jueves, junio 18, 2009

La mezquina belleza blanca

Las cortinas filtraban leves rayos que se reflejaban en el cristal, con la fuerza que le quedaba en el cuerpo roto se acercó y miró su rostro magullado, la valentía había desaparecido y sólo la redención aguardaba entre las sábanas para que llorase mientras el sol se ocultaba.
Los domingos que la llamé hermosa, los pájaros que se curaron bebiendo su sangre en el portal, las flores que no dejaban de crecer, todo habría desaparecido cuando cerrara los ojos. Quizá aquella podría ser la última escena de su vida, triste, sola, melancólica. Arrastrándose alcanzó el baño. Se arrancó la ropa lentamente, escuchando como la tela se desgarraba enfurecida. Recogió los jirones, miró la ducha y volvió a tirarlosa suelo, total qué importaba. Si en agún momento había necesitado la magia de las lágrimas sobre su cuerpo, era en aquel. Mientras se frotaba el cuerpo tratando de eliminar la sangre y la suciedad, limpiaba su alma.

No fue lejos de allí que la única estrella del firmamento descendió con un mensaje entre los labios. Entró por la ventana, sabiéndose esperada, y la Luna, aún mojada, envuelta en una toalla oscura, la incendió con la mirada.

Por fin, se dijo. Por fin estoy sola. Ahora nadie tendrá ojos más que para mí.


Jommy Nivek

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