lunes, abril 20, 2009

Mi esperanza no es verde, sólo gris

No pensé, en ningún momento de esta intensa vida, que ningún ser superior rigiese las curvas de mi camino. Sólo soy capaz de ver mis recuerdos una y otra vez, reprendiéndome por fallar o augurándome nuevos fallos. Y sé que es miedo pero no puedo librarme de ellos. Quizá por eso me ha impactado tanto reencontrarme con sus ojos, sus palabras, su guitarra, su entusiasmo. He tenido presente otro instante, de una vida compartida, en el que, quizá de camino a casa lo ecuché con otra persona y murmure siguiendo el ritmo de la canción. Para él. Por verle sonreir. He murmurado de más, por miedo principalmente. No puedo volver a hacerlo... No es mi sintonía. He sido alguien que nunca quise ser.
No sé si es propio repetir las palabras de esta visión. Eran hermosas desde luego. Optimistas, siempre he valorado a los optimistas. Hablaba de la sonrisa como arma del hombre para cambiar el mundo. Arma? No sé, para mí es mi escudo. Mi protección de las tormentas y el sol que deslumbra. Es el mejor síntoma de mi tristeza... Mi sonrisa ladeada, irónica o complaciente, vacía. Nunca pudo sacarme una sonrisa de verdad. Y quizá ése era el síntoma al que debí aferrarme desde el principio.
Todo se ha hecho más oscuro últimamente, y me hace extrañar mi gris de siempre, frío y pacífico. Ahora todo son sombras que se deslizan sobre el agua, pensamientos, instantes varados en la distancia. Pero rozándome. Siempre... Y por fin sé que mi voz y el huracán de mi persona son para volar sin un destino concreto, pero muy alto. Regalar los lirios de abril a quién los necesite, jamás cobrarlos. Ser el narciso de una bella poesía para Dalí.
Y por muy duro que sea ver mis recuerdos, o temblar en entreactos de terror, hoy he sentido que mis días grises regresan y quiero mimarlos. Porque verde, lo que se dice, mi camino jamás será...

Jommy Nivek

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