martes, marzo 24, 2009

Madrid Nocturne Chronicle


Salir una noche en Madrid es una película de piratas: una aventura, la chica, el tesoro, el mareo y el ron. No tiene mucho más, pongámosle variantes, seamos cuidadosos y encontremos el plan perfecto en una ciudad de imperfecciones, que ofrece, al que busque, un hombro sobre el que llorar o una mano a la que asirse para saltar al tren de la vida, eufemismo sin igual.
Para el sentido del humor tenemos Libertad 8, oír monólogos se convierte en un conjunto de muchos solitarios que observan y sonríen agarrados a una buena bebida y a unos buenos camareros. O quizá sea noche de poesía, y recomiendo kleenex, café y la mente clara para dejar caer las ideas en vacío. Tras lo cual, si uno se encuentra acompañado lo mejor que puede hacer es encaminarse a uno de los muchos bares en la zona de Tribunal que cuentan con juegos de mesa, el relax y las risas se garantizan, así como el increíble sabor de los batidos.
Puedes pararte a poner la oreja, no en una conversación banal, si no en el sonido altamente cuidado que es la improvisación del Café Central. Jazz que traspasa los años y las fronteras para venir a parar a este pequeño rinconcito que ha visto nacer grandes grupos, ha servido de estudio de grabación, y ahora es el centro de la buena música en vivo. Muy bueno, muy barato. Y luego poder acabar cayendo en la acera de enfrente con los torero,s de la plaza de Santa Ana a buscar una definición de chill-out y la decoración moderna. Cócteles apasionantemente caros y sabrosos.
Si cenar es el objetivo de la velada, tienes todos los países a la vuelta de una esquina en Lavapies o La Latina. Desde el típico kebap hasta lugares increíblemente exóticos que ofrecen platos exquisitos y peligrosos, como los alacranes al chocolate o el chili extrapicante con almejas. Rematando la faena con una shisha en cualquier tetería, que probablemente ofrezca incluida en la visita, bailes orientales de una sensualidad y entusiasmo nunca vistos, podemos ser los anfitriones perfectos.
Callejear en verano tiene sus ventajas si eres capaz de sostenerte durante horas para ver los pequeños retazos de humanidad, frescura y originalidad de la ciudad. Retratos increíbles del ser humano pasean sus máscaras bajo el gran reloj de Sol que rige nuestras vidas, y bajo el cual desde el más freak antisocial hasta el más sibarita o experto financiero ha parado su carrera a mirar, o a quedado con un amante, con un amigo. Suenan las monedas en el fondo de un vaso, pero apartar la mirada es norma y sigues caminando. O el Retiro, que ante los últimos rayos de sol explota en sonidos delirantes, música humana y animal se funden dando lugar a un encanto de sueño.
Pero si hablamos de parques y puestas de sol, el templo de Debod y alguna exposición vespertina pueden ser increíbles compañeros, esos que jamás se repiten. Por no hablar de una noche en la Opera en el Teatro Real. Que a falta de mejor vocabulario se deduce impresionante. Y cuyos alrededores son una de las zonas mas adorables para pasear.
Si lo tuyo es quedarte sordo a bocinazos elige calle, y te mando a una discoteca que alguien, seguro, habrá denominado en su momento súper cool. Y es que las hay. Desde la mítica sala Heineken o Kapital, pasando por las nuevas y tentadoras salas cerca de Ciudad Universitaria, hasta el antro más antro. Por la tarde Light, o concierto, por la noche desfase de ése que riegan el alcohol, las drogas y el sudor.
Bares plagados de guiris que quieren sentir en su piel la movida madrileña que no murió en los 80.
Churros al amanecer, que parecen nuestro aporte cultural junto a la siesta.
Y en un punto de toda la vorágine, un lugar único y tuyo donde descansar el alma magullada y no pensar unos instantes, junto a personas que aprecies u odies, personas que no conozcas o sean tus almas gemelas. Compañeros. Seres vivos. Aire. Humo plagando los pulmones de fumadores y asistidos.
Para mí ese punto se centra donde quiera que suene un ska jazz suave, pero impertinente, llamándote unas veces a susurrar deslizándote y otras a gritar buscando aire entre una masa humana que se golpea. No sentir el dolor en ningún punto, porque la música te ha llevado a tal punto del éxtasis que no te reconocer a ti mismo. Y, todo esto sin beber, o no tendría gracia, repites letras que no te sabes, sonríes a tus amigos, y despides la noche caminando en silencio, porque el hueco de esas letras es demasiado grande para llenarlo con banalidades.
Hata que algún borracho impertinente te despierta del sueño y te pide dinero para llegar a Pan Bendito a cambio de firmar las paredes con tu nombre. Hasta cierto punto hasta es original.

Jommy Nivek