lunes, marzo 16, 2009

Ojala no tuviera que perderlo...


Puedo recordar el instante en que he caido desde este escalón hacía el final de la escalera, y tendré que subir de nuevo, sola, como siempre he subido, sin sentir que el tiempo duela o parezca extraño... podría pensar que cada instante antiguo es un tesoro, lo fue.
Esperar en un rincón oscuro tu cara entre doscientas personas mirándome y sonriendo, no perder un segundo en recorrer esa distancia, abrazarte y continuar caminando juntos. Tu mano en mi hombro que no pesa, que se desliza en una paz ingenua. Duele amar sin tenerte, buscar en otros nombres tu rostro y tus manos que de noche me desnuden para dormir y rocen mi hombro durante segundos interminables. Detener el tiempo en mi burbuja y soñar despierta con un horizote de hierba interminable.
Quiero ser por mí misma todas las pequeñas cosas que soñé, y aún sin tu brazo volar a las estrellas en la noche más oscura de diciembre para regresar en mayo como una flor que despierta a nuevas vidas por vivir.

Odio tus labios porque me van a recordar cada segundo que no los he besado como una pérdida, pero no lo siento. Lamento perder el sonido de tu voz como noches de confesiones sin nombre. Pero no me queda más remedio que agrrarme a mi botella vacía y caminar para seguir siendo yo. No puedo esperar más si no soy yo, aunque no quiero más. Ya he luchado y esperado, ya he sufrido, ya he caído, me he levantado, he limpiado de tierra mis manos y he continuado la senda mirando a los lados no por verguenza sino por compasión. Por alguna razón sé que hay muchas caídas y ojalá tuviera medios para salvarlas y hacerlas salvar. Hoy no quiero más aventuras, sólo la rutina que cure los días felices que desdibujan mi sonrisa hoy.
Quiero bailar con la fuerza de un huracán por los pasillos de esta ciudad, en sus recovecos voy a decirte al oído las durezas más crudas, los ingenios más estrambóticos y estúpidos, sin beber, sólo por puro amor al oxígeno que no llega a entrar en mis pulmones por entrar en los tuyos y que es este mundo, siempre el mismo, pero siempre nosotros distintos.

Jommy Nivek