lunes, marzo 16, 2009

Belleza amiga

Es pequeña, dulce hasta congelar las pupilas en sus formas, hechizando la conciencia, balanceándote en su perfección mágica, diferente. Es la orejita en la que posarías los labios con pudor para disfrutar de su frío recorriéndote, de su suavidad. Cuelga de ella un pequeño pendiente que se mueve con el ritmo de unos bucles de armonía aerodinámica, fluyendo en el aire, en un segundo plano a su señora. Parece que tiene alma propia en ese enjambre, en esa cabeza hermosa que posee; y esa alma me mira con unos ojos enormes y encharcados de pasión para que la acaricie. Tiene un brillo cautivador, como toda su persona. Y precisamente por ser pequeña parece más llamativamente hermosa. Luce amelocotonada, clara y tibia unos días, otros de marfil pulido y perla.
Fue amaneciendo que la vi por primera vez junto a mí en el río. Húmeda, helada, y aún magnífica. Pensé que fuera quién fuera la poseedora de semejante estructura, su espíritu sería como una piedra preciosa a punto de surgir entre la tierra roja que tanto abunda por esta zona. Y cuando te conocí no cupo en mí mayor gozo que descubrir la misma belleza en todos tus gestos y arquitectura, una creación de divina paciencia y esplendor que no puedo dejar de mirar atentamente.
Tuyo hasta la última gota de sangre. Muriendo por una belleza surgida de la simplicidad, rematada en cada apéndice de tu anatomía. Como ése amanecer cautivador en que te supe dueña mía.

Jommy Nivek