viernes, enero 30, 2009

Es una margarita

Es una margarita. Todo el mundo cree que las margaritas son vulgares, flores inútiles que quedaron para los románticos viejos y los jardines abandonados. Yo, sin embargo, cuando la encontré allí, descansando plácidamente como una pequeña ninfa, dormida sobre el regazo de la naturaleza; sentí en un instante cómo pudo entregarme, sencillamente, más de lo que nadie me ha entregado jamás. La acogí con todo el amor que me cabía en estas manos cansadas. La saqué a bailar por esta calle oscura, fría; y el sol, colándose entre las nubes, iluminó cada pétalo blanco y húmedo. Sonreí con amargura. No había nada más expresivo en el mundo que el aire meciendo aquella flor, aquella vulgar y preciosa deidad, aquel sueño que, perdido entre mis dedos, me impulsaba a quererla con una paz interior, un amor desinteresado y limpio. El tipo de amor que llevaba años sin asomar la cabeza. El tipo de amor que la mayoría no llega a sentir en toda su existencia. Puede que debiera deshojarla como se suele hacer con las margaritas, preguntándole entre susurros si algún día tendré esa ilusión, ese sueño que me ha adormecido con placer por años. Pero preferí acompañarla en sus últimos días, hasta que como todas las cosas, me abandonó llorando.

1 comentario:

Marco Costa dijo...

Otro texto muy ameno! saludos!