lunes, diciembre 22, 2008

Figuritas de porcelana


Los libros de poesía descansaban en uno de los estantes más altos de la librería, lo sabía porque una vez llegó un extraño a la casa y él se subió a la silla para poder bajar uno de ellos y mostrarlo. Unas pocas figuritas de porcelana impedían moverse con libertad en aquel estante. Quizá era un aviso, un ‘no te acerques más’. Quizá por ese aviso se veían tan irresistibles. Debí leer aquel aviso muchas veces mientras recorría el estudio con la mirada, pero nunca lo respeté, y cruzando las fronteras violé aquel santuario.
Pocas cosas me evocaron y me hicieron viajar tan rápidamente. Su poesía me embriago una y otra vez en noches en las que parecían no sonar tambores, noches sin olor, sin entrañas. Me encantaría retroceder a aquellas noches de sueños en las que disfrutaba de esta música decadente en mis labios, después de años de no saborear más que cenizas. Mirando al infinito para dibujar una sonrisa, un paisaje, un verso.
Cuando leí todas aquellas poesías algo tiró de mí fuera del hogar, llamándome para leer nuevos textos, buscar experiencias que no podría encontrar en el estante tras el ejército de figuritas de porcelana. La guerra, la enfermedad, el horror, me esperaban. Y al fondo, en un lugar casi inalcanzable, tras todos los desastres que se avecinaban podía verse de forma borrosa pero evidente un edén.

Quiero estar sola, cruzar este océano y sentir cada latido de mi corazón cuando hundo la cabeza en el mar. Entregarle mi vida a las olas como a la poesía y navegar sin un destino a esa tierra prometida. Me han augurado malos tiempos y no se decir no a ellos, quiero enfrentarlos como lo hacen los héroes, pero no se si seré un héroe. Quizá no aguante el camino, pero el destino es tan hermoso a lo lejos, y poco a poco se acerca, pero sigue estando lejos, y por más que corro y desisto, por más que pierda, la esperanza sigue brillando aquí dentro
Las heridas vencen finalmente, y ni el mejor de los planes te saca de este abismo de locura. Escribes y escribes por escribir. Miras a tu alrededor y no queda nada de ese edén, ya no hay destino. Los compañeros, las montañas por escalar, los océanos que surcabas con deslizarte, el resuello al acabar de amarnos, la luna. Se lo traga el ojo de un huracán que no esta dispuesto a largarse.
La vida de los hombres se basa en esperar y buscar un destino. La mía se pudrió en la poesía de tus ojos. En este invierno el mar no tragó mi barco.

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